Carta de Valdelomar a una rata

Publicado en Variedades N° 528. Lima, 13 de abril de 1918.

Muy estimado amigo:

Anoche tres de abril de mil novecientos diez y ocho, a las nueve y diez -supongo que esta sea inolvidable para usted (el hecho de haberle a Ud. salvado la vida no me autoriza a hablarle de tú); anoche, digo, por uno de esos motivos que no tienen explicación, vi a Ud. que en el fondo de la tina vacía, debatíase desesperadamente, sin poder salir. Estaba oscuro. Ud. había caído, por su inexperiencia juvenil, en aquel espacio y allí habría Ud. perecido. Yo no tenía nada que hacer en el baño. Fumaba, en mi escritorio, pensando en cosas tan inconsistentes como el humo de mi cigarrillo. De pronto me levanto violentamente, voy al baño, enciendo un fósforo y veo a Ud. recorriendo nervioso y despavorido, el fondo húmedo de la tina. El caño mal cerrado, dejaba caer con desgano, una columna de agua. Parecía la arteria de un colosal Petronio desangrándose en el baño. Tuve el impulso de abrirlo, llenar de agua la tina y ahogarlo a usted.

Ud. me miró, debe usted recordarlo, porque en su mirada inteligente parecía concretarse su alma llena de angustia brillante, llena de urgente invocación. Sólo entonces pude apreciar su estatura. Era Ud. joven como yo. Comprendí su dolor. En su mirada comprendí que me hablaba usted de su madre, de su rinconcillo oscuro y húmedo en el fondo del parquet, de su vida en flor. Si usted, joven, después de verme, hubiera intentado la fuga imposible, yo le habría matado, tal vez. Pero usted, al verme, se detuvo, sin tener la presunción de buscar una huida necia, y puso en mí toda su esperanza. “Tú me puedes salvar o matar. Tengo madre. Te ruego que me salves”. Así decían sus ojos, querido amigo mío.

Yo lo comprendí. ¡Qué bueno es que le comprendan a uno en la mirada! Yo no soy tan feliz como Ud., pericotito de mi corazón. Le acechaba un peligro, yo podía evitárselo a Ud. ; era usted joven ¿por qué no hacer este bien, el más honrado de todos puesto que nada podía esperar de Ud? Hice coger a Ud. con la criada que se empeñaba en matarlo y yo mismo vi que le soltaran en el patio. Ud. huyó entre la sombra. Estaba Ud. salvado. Me ha procurado Ud. una satisfacción y por ello le quedo muy agradecido.

Si Dios fuera para mí lo que yo he sido anoche para usted! Porque, después de todo, qué soy yo, querido ratoncito de mi alma, sino un pericote inexperto en una tina vacía donde cae el agua potable del tedio por el caño semi-abierto de la angustia.

De su atento y seguro servidor.

Abraham Valdelomar.

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There are 6 comments

      1. Yadir G

        Chévere, ese duelo es interesante, menos mal sin consecuencias que lamentar.

        En el libro, Colónida Abraham Valdelomar de Luis Alberto Sánchez, Alfredo González Prada, escribe una historia que se llama “JUAN PRO” , no sé si la has leído, pero es muy interesante la historia. Este escrito lo hace en homenaje a Pablo Abril de Vivero, para celebrar que ha ganado un premio. Me parece que no esta en internet, si te interesa te lo puedo mandar. Saludos

    1. RPPC

      Hola Carlos, supongo que debes referirte a la ausencia del signo de admiración. Esta ausencia se debe a que el mismo Valdelomar lo redactó así. La transcripción es fiel.

      Saludos y gracias por leer el blog.

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