La primera vez que Valdelomar habló de El caballero Carmelo

Carta de Abraham Valdelomar a su madre. Roma, 16 de diciembre de 1913.

VALDELOMAR_carmelo

Señora Carolina de Valdelomar:

Lima.

Mi idolatrada mamacita:

No te puedes imaginar el gusto que me ha dado tu carta del 25, por ella veo que siempre me recuerdas con el mismo cariño de siempre. Sólo tú eres la que nunca se olvida de mí; yo por mi parte sabes que donde he estado mi única idea has sido tú. Ya voy a aprendiendo con la dura experiencia lo que es la vida. Cada día que pasa es para mí una nueva elección y estas lecciones que se aprenden lejos de la tierra y de la madre son las que nunca se olvidan. Yo no sueño sino con volverte a ver lo mismo que a mi viejo y a mis hermanos, pero te digo que cada vez que pienso en que tengo que volver al Perú, a pesar de que extraño tanto el calor de la Patria, sufro. Si no regresara con mi título, no quisiera regresar. Dios me escuche y quiera que se cumplan mis deseos que más que por mí los tengo por ti.

Mucho me alegra que el artículo que mandé les haya gustado pues les tengo tanto miedo a las gentes de Lima que me parece que nada de lo que hago lo fueran encontrar bien. La señora Emilia lo habrá encontrado bueno porque ella comprendo que me tiene verdadero cariño.

He recibido carta por primera vez de Enrique Bustamante y en ella me dice que por falta de tiempo no me ha escrito pero que ha hecho todo lo que yo le indicaba en las cartas. Cuando pienso que Enrique que ha sido mi mejor amigo me pudiera ser desleal me mortifico mucho, trata de no precipitar las cosas y no darte por entendida de nada porque nada me podría hacer más daño al espíritu que perder a ese amigo. Prefiero no saber si me es desleal que yo seguiré teniéndole el mismo cariño de siempre. Me dice que te llevó veinticinco soles por el artículo pues así lo acordaron en la redacción. De manera que creo que el Héctor habrá querido ratearse los cinco soles. Pero como la cosa es muy delicada mejor es que diga la verdad y que no vaya a provocarme un rompimiento con los del periódico por cosas tan pequeñas.

Debo decirte que le mandé a Enrique Bustamante hace tiempo un artículo para el concurso literario de La Nación, pero recomendándole absoluto secreto, pues tenía vehementes deseos de ganar el concurso para demostrarles desde aquí a mis compañeros que cuando me presenté a la presidencia del centro no me creía tan imbécil. El cuento se llama El Caballero Carmelo y en él hago una relación de uno de los incidentes de nuestra vida en Pisco. Como verás allí hablo de Roberto y de todos. Enrique me dice que es muy posible que me lleve el premio pues los trabajos mandados son muy inferiores al mío. Ojalá que la suerte me favorezca que este pequeño triunfo es tuyo más que el mío; pues hace mucho tiempo que  todo lo que escribo es por ti y para ti. Conque te gusten a ti mis cosas estoy feliz. Cuánto me alegra que mi retrato te haya gustado. Me parecía que no te iba a gustar y hasta quería hacerme otro, pero ya veo que me encuentras bien.

Ojalá te sigan pagando los artículos al mismo precio pues no me parece mal. Hay que conformarse. Estoy esperando de un momento a otro que me paguen el resto de mi sueldo de Génova para poner las encomiendas y comprar algo que me falta. Tengan paciencia.

En este momento recibo tu segunda carta por ella veo que no has recibido carta mía, quién sabe las recibirás juntas. Yo sigo pasando mi vida aquí tranquilamente pues recién el 29 habrá el primer baile al cual voy a asistir espero que sea un baile grandioso pues con él se abre la sociedad en este invierno en Roma. Allí conoceré a toda la nobleza romana y al cuerpo diplomático al cual aún no conozco mucho, pues no ha habido ocasión ni fiestas. El primero de enero te haré un telegrama y otro al presidente. Ya comienza la vida interesante en Roma, ya se nota un gran movimiento. Yo estoy ahora, en las horas que me quedan libres de la Universidad y de mis escritos, aprendiendo la esgrima y, no te vayas a reír, el tango argentino pues aquí no se puede ir a sociedad sin saber bailar especialmente el tango pues no se baila otra cosa.

Dile a mi viejo que sus boquillas que me pide irán todo con las encomiendas de las muchachas. José de la Riva-Aguero debe llegar el viernes con su mamá y su tía. Me alegra mucho porque así les podré devolver todas las atenciones que me hicieron en el viaje. Además es un orgullo para nosotros poder presentar aquí en Roma a un hombre como Riva-Aguero, tan culto, tan inteligente y tan serio. Aquí está también Eduardo Du Bois, un joven de las mejores familias de Lima, pues el hermano de la señorita Du Bois que se casó con el doctorcito Olaechea y que son dueños de la casa  de piedra. Él es muy distinguido y caballero y formal y aquí casi siempre vamos juntos a los paseos y a los teatros.

Recibí las encomiendas; todo ha llegado bien. Ha venido lo siguiente: cuatro paquetes de chocolate; el libro de Seoane, un costalito de café y una latita de limones. No mandes dulces que se puedan deshacer pues no llegan bien. Es decir los limones ya nos los estamos comiendo con el Dr. Rada y sueñora que tanto te quieren y Valdizán, otro muchacho que es muy bueno conmigo. Pero es mejor mandar otras cosas como cosas secas, aunque sean dulces. Lo que pasa con los limones es que la humedad los pone un poco mohosos. Sería bueno cuando los ponen en la caja cerrarlo herméticamente y soldar la caja. As{i la humedad no les hace daño porque el aire no se renueva.

El chocolate y el café lo tomaremos el día de Pascua en tu nombre y el primero de enero a las doce de la noche yo haré abrir una botella de champagne para beberla con los peruanos por la Patria, por ti y por la familia del Presidente.

Recibe viejecita mía un abrazo muy fuerte de tu hijo que te extraña y que sólo piensa en que no te tiene a su lado. Cuídate mucho y no olvides a tu hijo.

Abraham.

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There are 2 comments

  1. lourdes inga

    Gracias por publicar la carta. Siempre he admirado a Valdelomar por su prosa y poesía, ahora lo admiro también por ser un hijo tan devoto y dulce con su madre.

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