Consejos para incursionar en la narrativa por José Watanabe

Texto irónico del poeta José Watanabe, extraído de la revista Vaca Sagrada.  Lima, marzo de 1978.

Joven poeta, ponte la mano en el pecho y confiesa haber soñado con el gozo del renombre. Ciertamente que ahora tienes prestigio, pero reconoce que demasiado incipiente. Apenas una muchacha sanmarquina que te mira con discreción. ¿Oíste como ella mencionaba tu nombre a su amiga, y ambas renovaban en ti el mito que llama cisne al poeta? El propio nombre en boca ajena siempre es la más bella música. Que no te avergüence, pues, ese limpio regocijo. Ya se acabó el tiempo del que escribía en el cuarto oscuro y evitaba ser profanado por la reputación.

Pero una muchacha y un poema arrinconado en la antología son en el fondo la misma golondrina extraviada. Tú has soñado más. Pero qué improbable es la muchedumbre de tu sueño, y el laurel ya se lo dieron a Chocano. A estas alturas, sepas ya que la reputación es una pampera que no da chance a los poetas. Pasa y te soslaya. Sin embargo, mira allí: Ve cómo ciñe a los narradores, ve cómo es ubérrima con ellos.

Lo más recomendable es empezar con un cuento. No necesitas violentar tanto el mundo que ahora vives como poeta.

Sí, la fiesta es ahora de ellos. Tú estás en el rincón menos iluminado. Sólo tu generosa mamá cree que esa celebración te engloba. “Te guardé la entrevista a Bryce”, dice. Y así cada día: “Aquí está Vargas Llosa, Ribeyro, Martínez, Urteaga, o ese Higa que ayer nomás era oscuro. Y ante el recorte extendido tú soplas y apuras la cuchada de sopa para que neutralice la gota de la amargura que cae de tu hígado inmodesto.

Mas no te sientas a rumiar desazones, joven poeta, ni cruces hacia la vereda de los mezquinos. Anda a la montaña olímpica y fulgurante. Hazte narrador.

FACILITO ES

Ignora esta objeción que puede venir desde el centro de tu insobornable naturaleza de poeta: “Pero el poeta trabaja con esencia y el narrador… puff”. Eso es discutible desde que Proust y Joyce nos arañaron el fondo más sensible. Pero la cosa es poco a poco. Esta no es una invitación para que con vehemencia de inexperto acometas ya una novela.

Lo más recomendable es empezar con un cuento. No necesitas violentar tanto el mundo que ahora vives como poeta. Recuerda la moraleja del aprendiz de brujo: Cualquier abracadabra convoca el caos, pero se requiere un paciente aprendizaje para llegar a la palabra cabalística que lo ordene. Un cuento quizás no exige más cambios que la compra de un diccionario de sinónimos y una docena de Lucas Pen.

UNA AYUDITA

Para evitarte pérdidas de tiempo en la búsqueda del asunto, que a veces por repensarlo y asediarlo se vuelve esquivo, hemos compuesto un cuadro con tus preferencias temáticas que, sistematizadas, pasan a ser elementos de relato.

Cuadro Watanabe

Click para ampliar.

Con una X deberás marcar, al azar o intencionalmente, un personaje, una acción y un espacio que hallarás en las columnas respectivas. El elemento tiempo que quede a tu albedrío. Hecho esto, ya tendrás la idea básica del cuento, la síntesis donde convergirán tus palabras para ampliarla.

Ejemplo: Si has marcado “Joven cerril (no rebelde)”, “Vivir en el Ucayali” y “Microbús”, ya tienes una idea bastante sugerente. Puede ser: “El joven subió despreocupadamente a su micro cotidiano, Cocharcas – José Leal. No le sorprendió mucho ver que su vecino de asiento era un nativo campa. Lo olvidó demasiado pronto y retomó el problema lingüístico con el que se había despertado ese día: ¿Cuál es la diferencia entre cerril y rebelde? Finalmente conectó su problema lingüístico a la presencia del vecino. No me entenderá si le hablo, pensó. Entonces, buscando una forma de comunicación, señaló amigablemente el arco que el campa sostenía en la mano. El campa sonrío, lo miró profundamente, tensó el arco, dispuso la flecha y la disparó entre las costillas del joven. Y allí, contra el asiento, el joven entendió que ya sería imposible su deseo de vivir (y morir) en las riberas del Ucayali. Sin embargo, la figura casi esfumada del campa lo consoló”.

A partir de ese núcleo puede expandirse un cuento que medite la relación entre el azar y la muerte, o que especule sobre la bondad de un hombre simple que vio en los ojos del hombre citadino un infinito deseo de ser muerto, o etcétera. Las direcciones son muchas.

J.W.
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CONCURSO

“Vaca sagrada”, finalmente convoca a un concurso de cuento donde sólo se exige el cumplimiento de esta única base: ser poeta.

Premio: Publicación del cuento ganador en esta revista donde aparece lo mejorcito. Y publicidad, mucha publicidad (tenemos amigos periodistas).

Jurado: Desgraciadamente tenemos que recurrir a los narradores. Ya aceptaron Bryce, Ribeyro, Martínez, Urteaga, Gutiérrez, Higa.

Entrega: La dirección de la revista aparece en la contratapa. Tienen dos meses para dar el salto que puede ser cualitativo.

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