Juan Gonzalo Rose: Yo siempre traté de hacer poesía con musicalidad

Entrevista de Eduardo Chirinos al poeta Juan Gonzalo Rose. Publiado en la revista Perspectiva. Lima, 14 de febrero de 1982. 

Foto: Caretas.

Foto: Caretas.

A Juan Gonzalo Rose casi siempre lo veo cruzando con excesiva lentitud y cuidado la avenida Gregorio Escobedo, para dirigirse a un pequeño restaurante de dudosa reputación bohemia llamado Ovni. Allí tiene reservada una mesa donde se sumerge en un interminable monólogo que comparte con una cerveza y la ocasional devoción de algún amigo. Pero casi siempre está solo de modo que no me fue difícil ubicarlo.

Fue el quien inició la conversación preguntándome a modo de saludo: “¿Cuánto quieres por ese libro?”. El único libro que yo llevaba en ese momento era su Obra poética, editado en el 74 por el INC. Mi ingenuo y franco interés era pedirle una dedicatoria, pero igual se lo ofrecí. “No, gracias”, me dijo, “estoy realizando una serie de gestiones para conseguir un ejemplar, pues los cincuenta que me tocaron en la publicación los fui regalando y ahora no tengo de donde corregir. “Las Comarcas”, por ejemplo lo he corregido íntegro en el libro. Es que soy perezoso para escribir a máquina”.

Pedimos tres cervezas, pues también nos acompañaba José Antonio Mazzotti, y nos recluimos en una mesita del fondo. Juan Gonzalo estaba, pues, en guardia.

Yo salí de Tacna a los quince años, expulsado del colegio. Cuando llegué a Lima ingresé a los Salesianos, pero también en cierto modo me expulsaron de allí porque a medio año, cuando estaba en quinto, se negaron a tomarme examen. Eso equivalía casi a una expulsión. De tal modo que tuve que trasladarme a Barranco , donde concluí la secundaria. Luego, ingresé a la Facultad de Letras de San Marcos, donde tuve mis primeros contactos con escritores y poetas, pues hasta ese momento yo no conocía a ninguno. De ellos el que más me influyó fue Francisco Bendezú, él siempre tuvo la gentileza de proporcionarme libros que yo no había leído y que no conocía ni siquiera por los títulos. Paco ha tenido siempre un espíritu pedagógico, de tal manera que en verdad lo que yo sé de literatura se lo debo más a él que a cualquiera de mis profesores sanmarquinos. Además, siempre he pensado que es muy poco lo que se le puede enseñar a un poeta en las aulas. Yo no concibo, por ejemplo, que un artista se vaya a París a estudiar semiótica. Lo que debería buscar el artista son vivencias. Como decía Apollinaire: “La única manera de vencer a la muerte es con la intensidad de la vida”.

Continuando con el breve recuento de su vida, Rose nos habla de su viaje a México, país donde publicó sus primeros poemas.

Ese viaje lo hice al concluir mi tercer año de letras. Primero llegué a Nicaragua por mar y de allí a México por tierra, lo cual parece una gran aventura, pero no lo es tanto. En los medios de transporte de aquellos países (en lo que aquí se llamarían microbuses) hay un letrerito que dice: “Toque usted bien el timbre, con la debida oportunidad si no quiere pasarse al otro país”.

Yo reconozco que en los últimos años sí hay una evidente inclinación hacia la misantropía

Preguntando acerca del motivo de ese viaje, Juan Gonzalo se frota las manos como si tuviera frío y responde:

Bueno, la verdad de las cosas es que yo había sido detenido dos veces y estaba informado de que en febrero iba haber una tremenda redada policial en la que estaba seguro de que iba a caer yo. Eso fue en la época de Odría. Yo viajé preventivamente; incluso a los tres meses me presenté en el consulado peruano.a pedir la renovación de mi pasaporte para volver al Perú, pero no solamente no me la dieron, sino que, además, cuando había perdido el pasaporte, me dejaron en la penosa condición de persona indocumentada.

Durante mi ausencia, se publicaron en los periódicos informaciones bastantes infladas respecto a mi actividad política. Incluso mis camaradas de entonces sabiendo que yo estaba fuera de los efectos de la represión, dijeron tantas cosas de mí que me hicieron aparecer como un líder que yo realmente nunca he sido. Esas publicaciones, sin embargo, me sirvieron para que el gobierno mexicano me reconociera como refugiado político. Mi regreso fue en el año 56, durante el gobierno de Prado, quien decretó una amnistía general permitiendo el retorno de personas que estaban impedidas de volver al Perú. Yo me vine habiendo publicado en México lo que se llama, en un galicismo aceptado, una plaquette titulada La luz armada.

El que más me influyó fue Francisco Bendezú, él siempre tuvo la gentileza de proporcionarme libros

El retorno, los premios de poesía.

“Estoy/ tan triste ahora / que si alguien se acercase/ me amaría. / Primera noche en el Perú. Y busco amor. Como en todas las noches de mi vida”.

Yo regresé cuando imperaba el régimen de la “convivencia”, o sea, el régimen apro-pradista. Creo que, mal que bien, era un gobierno democrático,  de manera que no tuve problemas para realizar mis actividades. Sin embargo, lo que me iba a facilitar la publicación fue el hecho de ganar, dos años después de mi regreso, el Premio Nacional de Poesía con un libro llamado Canto desde lejos.

Antes existían los Premios de Fomento a la Cultura que, aunque no especificaban la edad de los concursantes, por lo general era una puerta abierta para los jóvenes. Ahora los premios nacionales de cultura premian la obra vital, son el reconocimiento necesario a personas de edad madura.

Preguntado acerca de sus influencias, Rose no vacila en responder citando a aquellos que un escritor consagrado preferiría omitir.

Por lo general, cuando las personas hablan de sus influencias se refieren a escritores muy ilustres. Para mí, Simple canción tiene la influencia de un poeta que yo considero bastante bueno, pero que es poco difundido, el venezolano Andrés Eloy Blanco, más conocido por un poema al que luego le pusieron música y que dice algo así como: “…¿por qué no pintas angelitos negros?”.

Esta alusión a sus poemas musicalizados trajo a colación al Rose compositor de valses criollos. Al respecto nos confiesa:

Yo siempre traté de hacer poesía con musicalidad, pero no había pensado en hacer canciones precisamente. Eso de hacer canciones es algo que me viene de unos diez años atrás, cuando tuve la suerte de presentarme en el festival de Chiclayo, donde obtuve el primer premio con un vals titulado “Tu voz” interpretado por Tania Libertad. Desde entonces somos muy amigos.

Peldaños sin escalera se titula el último libro que figura en la Obra completa de Juan Gonzalo Rose. Si excluimos Camino Real, antología de sus poemas de corte más bien político, no se conocen poemas posteriores, lo cual no quiere decir que no siga escribiendo.

A Juan Gonzalo Rose casi siempre lo veo cruzando con excesiva lentitud y cuidado la avenida Gregorio Escobedo, para dirigirse a un pequeño restaurante de dudosa reputación bohemia llamado Ovni

Yo tengo un curioso contrato con Juan Mejía Baca, según el cual todos los poemas escritos en estos últimos años son comprados por él para editarlos en lo que llama un “libro póstumo”. Para mí, lo gracioso del caso es que no sé de dónde tiene la seguridad de que yo me voy a morir primero.

En estos momentos de mi vida han vuelto a renacer algunas esperanzas, a esto me dedico ahora. Además, Sartre ya dijo que un proyecto “es lo que debe tener un hombre para sentirse bien”. El mío es un proyecto de larga duración con doce temas, incluso tengo una persona que se ha ofrecido para financiarlo. Solo espero que cumplan.

“Las sombras me caminan por el cuerpo, / las sombras se repiten por el cuerpo/ y el cuerpo no se puede / repetir” (“La noche hueca”)

Le preguntamos sobre su soledad y su tendencia a la misantropía.

Yo reconozco que en los últimos años sí hay una evidente inclinación hacia la misantropía, pero la gente exagera esa imagen. Hay muchas personas que se acercan y me dicen: “Hace tiempo tenía ganas de conversar con usted, pero no me he acercado porque usted es muy huraño”. Es verdad que buena parte del día estoy solo, pero tampoco me desagrada conversar un rato con alguien. Lo que sí no me gusta es tener que conversar con alguien todo el tiempo.

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