Comentario sobre Noche oscura del cuerpo de Eielson

Más allá del cuerpo

A diferencia de los espejos en los que nos reflejamos, la lectura del poemario Noche oscura del cuerpo (Roma, 1955), de Jorge Eduardo Eielson, nos coloca ante casi todo aquello que nos conforma: procedencia, contradicciones, relaciones con el entorno y otros más componentes distribuidos en los 14 cuerpos / poemas que reúne el libro.

Y como era de suponerse, este contemplarse no ofrece posibilidad para maquillajes, arreglos de peinado o cambios de camisa, sino que por el contrario, son realizados con una honestidad que no mide consecuencias, tal como indica Santiago López en su texto El cuerpo en escena. Una nota sobre “Noche oscura del cuerpo”(1).

“El cuerpo aparece entonces en calidad de actor que puede cumplir distintos roles: melancólico, mutilado, en exilio, enamorado, etc. Esos roles indica que el cuerpo tiende a colocarse fuera del cuerpo. Así los poemas exponen el punto de vista de una suerte de anatomista que observa, indaga y disecciona su cuerpo sin temor al riesgo de producirse heridas o causarse su desaparición”.

Un poema para el exilio

De todos los poemas de Noche oscura del cuerpo (Roma 1952), el que más ha llamado mi atención ha sido Cuerpo en exilio. Esto no significa que no haya releído el enigmático Cuerpo multiplicado, ni que pueda olvidar los versos poderosos de Cuerpo melancólico que dicen: “El cuerpo entero padece / De una antigua enfermedad violeta / Cuyo nombre es melancolía y cuya emblema / Es una silla vacía”.

Sin embargo  de todos los poemas me parece que Cuerpo en exilio es el que expresa mejor los desencuentros con uno mismo, los demás, y la rebeldía que nos genera esa realidad.

Desde el primer verso, cuando leo “Tropezando con mis brazos / Mi nariz y mis orejas  sigo adelante / Caminando con el páncreas y a veces / Hasta con los pies (…)” no puedo evitar preguntarme si acaso realmente poseemos nuestro cuerpo. Quizá el tropezar con nosotros mismos, en un plano físico o emocional, nos demuestra que no somos una unidad armónica, como sí lo es un reloj,  y que en realidad contenemos tantas fuerzas amontonadas que colisionan y nos hacen caer.

En los versos siguientes pasamos del desencuentro interno al conflicto entre el mundo  y el poeta, el cual está presente en otros poemas del libro y con mayor notoriedad en el poemario Habitación en Roma. Esta falta de comunión entre la voz poética y el mundo no es el berrinche de un incomprendido, sino la experiencia del artista como persona sensible ante “el mundo entero”, que se asemeja a “una esfera de plomo” que “aplasta el corazón”.

Ante una realidad así, el artista recurre al exilio, libre de cualquier atadura, lejos de las personas: “No tengo patria ni corbata / Vivo de espaldas a los astros / Las personas y las cosas me dan miedo”.

Hasta ahí el poema podría considerarse dramático (Eielson decía que la poesía no podía ser triste) pues nos transmite emociones duras y dolorosas. Sin embargo, todo gira con los siguientes versos: “Tan solo escucho el sonido / De un saxofón hundido entre mis huesos / Los tambores silenciosos de mi sexo / Y mi cabeza”. Es decir, estamos ante una suerte de rebelión de quien solo presta atención a aquello que proviene de su interior y que es capaz de seguir “Siempre luchando” (nótese que estas dos palabras ocupan un solo verso) con lo único que realmente posee: “mis intestinos mi tristeza / Mi pantalón y mi camisa”.

En resumen: desencuentro con uno mismo, desencuentro con todo lo demás, pero tenacidad, terquedad para seguir ese ritmo que brota desde el interior. (Por: David Valdez).

Poema Cuerpo en exilio

Tropezando con mis brazos
Mi nariz y mis orejas sigo adelante
Caminando con el páncreas y a veces
Hasta con los pies. Me sale luz de las solapas
Me duele la bragueta y el mundo entero
En una esfera de plomo que me aplasta el corazón
No tengo patria ni corbata
Vivo de espaldas a los astros
Las personas y las cosas me dan miedo
Tan sólo escucho el sonido
De un saxofón hundido entre mis huesos
Los tambores silenciosos de mi sexo
Y mi cabeza. Siempre rodeado de espuma
Siempre luchando
Con mis intestinos y mi tristeza
Mi pantalón y mi camisa.

(1). Nu/do. Lima, 2002. El cuerpo en escena. Una nota sobre noche oscura del cuerpo. Páginas 199 – 204.

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