Martín Adán es elegido miembro de la Academia Peruana de la Lengua y se siente mal

Publicado en el diario El Comercio. Lima, 19 de setiembre de 1956.

Martín Adán lengua

Un hombre de fornida apariencia, en cuya vestimenta destacaba una airosa bufanda de recios colores, penetró ayer, al mediodía, a la casa de El Comercio, y, merced a su requerimiento, fue conducido al despacho de uno de nuestros redactores, entrañable amigo suyo.

Tratábase de Martín Adán, nuestro extraño y admirado poeta, quien acababa de ser elegido miembro de número de la Academia Peruana correspondiente a la Real Española de la Lengua. Hacía muchos años que no venía a esta casa.

– Visito El Comercio -expresó en primer término- para que me digan por qué he sido designado académico.

– Sus razones habrá tenido la Academia -contestamos-. Y luego tímidamente dijimos: Quizá ha tenido en cuenta su estupenda producción lírica.

– ¿Qué producción?… -dijo con acento de duda, para añadir en seguida, con el mismo acento- ¿Un poeta elegido académico? ¿Qué raro, no?

Y en realidad nada tiene de raro. Porque en la Academia Española como en la de Francia los poetas más ilustres ocupan y han ocupado sillones académicos.

Martín Adán continuó en la misma actitud interrogativa.

– El hecho de ser académico -manifestó- ¿significará, acaso, que debo escribir versos mejores o peores?

– Ni mejores, ni peores -replicamos-. Tienes que seguir produciendo tus versos y nada más.

– Es que yo ya no produzco -anotó el poeta paradojal-. Y ni quiero producir; prefiero quedarme con mis meditaciones. Quiero seguir sufriendo y amando al Perú, yo solo, sin compañía de nadie.

Luego, el autor de La casa de cartón y Travesía de extramares, se quedó un largo rato en silencio, como distraído o abstraído. Dejamos de mirarlo para que continúe en sus vagares, cuando, de repente, como iluminado, y haciendo un gesto de insatisfacción dijo:

– Me disgusta la librea verde de los académicos. No me lo pondré. Lo único verde que me gusta es el verde de nuestra selva. Y allá voy. Viajo a Pucallpa para beberme la selva; para traer la selva en mi mente, en mi retina, porque ya la tengo en mi sentimiento y en mis añoranzas.

¿Cómo te sientes ahora que eres académico? -Muy mal

Cuando un cronista preguntó:

– ¿Por qué adoptó usted el seudónimo de Martín Adán?

Contestó:

– No sea huachafo. ¿Eso a quién le importa o qué importancia tiene? Soy Martín Adán; así me bauticé yo mismo; ahora resulta que soy más Martín Adán que Rafael de la Fuente y Benavides. Nadie me conoce por Rafael y nadie me llama Rafael, ni de la Fuente y tampoco Benavides; sé por qué soy Rafael de la Fuente Benavides; pero no sé cómo resulté Martín Adán.

El mismo cronista insinuó traer un fotógrafo. Martín Adán volvió a decirle:

– No sea huachafo; si trae al fotógrafo me voy.

Se puso de mal humor. Nadie, naturalmente, cree que un gran poeta como él sea capaz de la malacrianza; pero lo dijo y el cronista tuvo que abandonar la idea de la fotografía.

– ¿Y tu incorporación a la Academia con tu discurso?

– Ni pensarlo. ¿Yo pronunciando discursos? Jamás. No lo he hecho nunca. De eso voy a hablar con los que han sido elegidos junto conmigo. Almorzaré uno de estos días con Luis Alayza Paz Soldán, que me ha invitado; y, si puedo, veré a José Luis Bustamante y Rivero, con quien trabajé en el Banco Agrícola de Arequipa.

– ¿Trabajaste alguna vez?

– Bueno… como si lo hubiera hecho, porque cobraba sueldo.

Ya en calma, el poeta entró a su tema de siempre. Los principales hombres del Perú. Los conoce a todos. Si no personalmente, por referencias o por su genealogía, en lo que es experto.

– Tú, por ejemplo -dijo a uno de nuestros redactores- por el apellido que llevas eres pariente mío. de Rafael de la Fuente y Benavides; pero nunca serás pariente de Martín Adán.

– ¿Eso porque eres académico? -replicó el redactor, y añadió-: ¿Cómo te sientes ahora que eres académico?

-Muy mal -contestó Martín Adán-, porque me he levantado muy temprano y tengo que ir a una cita incómoda.

Se incorporó bruscamente y se despidió con un abrazo del amigo periodista a quien había ido a visitar.

Ya en el umbral de la puerta, al salir, dijo:

– Me voy desencantado porque no me han explicado por qué me han hecho académico.

Así se desenvolvió esta visita insólita de ese poeta insólito del Perú y de América.

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