André Coyné recuerda a su amigo íntimo César Moro

Entrevista de Walter Espinoza publicada en la revista Martin N° 7 y 8. Lima, 2003.

Dibujo de Teófilo Breña

Dibujo de Teófilo Breña

¿Cómo fue su primer encuentro con César Moro? ¿En qué circunstancia se dio?

Yo lo conocí a los pocos días de llegar al Perú, en la Alianza Francesa porque era uno de los pocos lugares a donde iba para ver revistas, cosas de actualidad. Yo daba clases en la Alianza Francesa y él iba para ver las novedades. Las novedades de los libros los veíamos más en la librería que estaba en la plaza San Martín, pero él se mantenía en contacto con los de Francia. Eso fue en noviembre del 48 y después del primer feriado, que me acuerdo muy bien la fecha, era 8 de diciembre. Es un feriado de la Inmaculada, él había estudiado en el colegio de la Inmaculada de donde lo habían botado muchas veces. En aquel tiempo vivía todavía… como acababa de volver no había encontrado trabajo, no había encontrado departamento y vivía en uno pequeño que tenía su mamá y que estaba al frente de la Inmaculada también. Me llamó a la pensión donde estaba en Miraflores y me preguntó -todavía nos hablamos de usted- si quería bajar a la playa, porque había una playa en Miraflores que estaba cerca de donde yo vivía, entonces me fue a buscar a mi pensión. Nunca llegamos a la playa porque inmediatamente me empezó a hablar del sol, los rayos del sol, etc, y en ese momento el sol me mandó una piedra, todavía tengo la cicatriz, porque para bajar a la playa de Miraflores había un caminito casi encubierto, había un enrejado y ese enrejado tenía huecos y me cayó una piedra, tuve la sensación que era el sol el que me lo mandaba…

Piedra de los soles

Y que era una especie de bautismo sangriento del Perú al mismo tiempo. Tuvimos que volver a subir porque yo estaba lleno de sangre. Ese día nos entregamos también, primer día de nuestra amistad, al principio hubo algo más… (risas).

cuando la gente jodía con política y no sé qué, él a partir de cierto momento adoptó el principio de interrumpir la conversación gritando “yo soy nacionalista japonés, viva nuestra padre el Mikado”

Cuándo usted conoció a Moro, ¿sabía que él había participado en el movimiento surrealistas?

Lo supe al conocerlo. Yo no sabía. Yo crecí en la ocupación alemana. Los surrealistas habían huido todos de Europa, estaban en la mayoría en América o se habían convertido al comunismo y entonces eran lacayos de Stalin, y nosotros, mi generación, los autores que discutíamos eran Gide, Valery y Claudel. Del surrealismo no sabíamos nada porque no había nada, entonces después de la liberación es cuando se volvió a hablar un poco del surrealismo. Yo antes no había nacido, antes de la guerra era una criatura de modo que no podía haber oído hablar del surrealismo, durante esos años tampoco porque la trilogía más importante para nosotros era Claudel, Gide y Valery que eran totalmente diferentes. Los tres habían colaborado en la N.R.F. y la N.R.F. seguía proponiendo textos de buena literatura, el director Drieu la Rochelle se suicidó después de la guerra, Drieu la Rochelle había sido amigo de los surrealistas. Todo el mundo en los años veinte, bueno la gente que sentía o reflexionaba estaba harta de la democracia de tipo parlamentario…

¿Qué pensaba sobre la política peruana?

En el último período se ve por las cartas que mandó a Westphalen, que han sido publicados, ya no quería oír nada de política, ¿tiene ese librito que publicó Westphalen? Algún ejemplar encontrarás en alguna parte, tienes que encontrarlo.

¿Vida de poeta?

Sí, algún ejemplar encontrarás en alguna parte. Tienes que leer estas cartas en que uno ve cómo Moro se va separando y hasta lo quiere… como Moro era muy arbitrario con sus amigos, un autoritario, lo quiere convencer a Westphalen y Westphalen no lo sigue bastante rápido como él quisiera, hay una carta que cité el otro día en que dice: “he visto tantos canallas que luchaban por las masas y en realidad luchaban por su propio confort” y cuando yo lo conocí no quería oír hablar de política y me dijo “hemos tenido un presidente que hubiera podido ser, que era una gente de bien, el único”, es Bustamante y Rivero pero Bustamante y Rivero es normal que haya caído porque no era un presidente para el Perú sino que era un presidente para Suiza y cuando la gente jodía con política y no sé qué, él a partir de cierto momento adoptó el principio de interrumpir la conversación gritando “yo soy nacionalista japonés, viva nuestra padre el Mikado” para dejar a la gente desconcertada. Recuerda que no hace mucho el Perú tuvo su Mikado (risas), de modo que los poetas son profetas.

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