El insulto de Juan de Arona a Mercedes Cabello

Texto de Augusto Tamayo Vargas en el libro Perú en trance de Novela. Lima, 1940.

MercedesCabellodeCarbonera

En camino por cierta ruta primariamente señalada, y ya –al parecer- con volumen necesario. Mercedes Cabello va a ofrecernos una década de actividad novelística.

“… de esa feliz hechiera
Doña Mercedes Cabello,
Que todo escribe tan bello.
Florida es su alocución!
Ganó el renombrado timbre
De novelista peruana,
La primera que engalana
Las letras con su expresión”…
Carmen Potts de Uribe

(De “El Perú Ilustrado”.- 2 de febrero de 1889)

En sus ensayos no se detuvo en contemplaciones ante el personaje, ni le importó enemistarse con los escogidos grupos de la sociedad limeña y peruana. Cumplió lo que ella creía era su misión. En esos años, se le vio infatigable, apartándose de los más y perdiendo, en cierto modo, los contactos con el medio que ella “tenía” y “debía” apreciar sin apasionamiento, como mirando desde arriba, con criterio médico. Mientras que Clorinda Matto de Turner se atraía a la sociedad y en sus salones, que no serían precisamente los de Madame Lamberst, se vivía etapa de literatura elegante, favoreciendo determinados nombres; Mercedes Cabello –que acudía con frecuencia a la casa de Matto- mantenía su línea de “culturización y de ataque”.

Juan de Aronatoma arregla con su nombre aquella maligna frase de: “Mierdeces Caballo de Cabrón era”, que dice mucho de la malignidad amarga de quien no supo encajarse dentro de nuestro ambiente.

Ya es contra el español Calzado, que en España censuró la “piratería literaria de América”: “La Voz de la Patria”, diario madrileño, del que era corresponsal en el Perú Mercedes Cabello, publicó un combativo artículo de ella contra el mencionado crítico hispano. Ya es contra los poetas románticos del Perú, a quienes incita a cambiar de rumbos literarios. En nombre de las generaciones pasadistas, Juan de Arona, en sus últimos años de virulencia recalcitrante, toma venganza contra la novel escritora y arregla con su nombre aquella maligna frase de: “Mierdeces Caballo de Cabrón era”, que dice mucho de la malignidad amarga de quien no supo encajarse dentro de nuestro ambiente. La vida anecdótica de la Carbonera no recoge, en realidad, nada que tenga que ver con ese artificioso juego de palabras. Y siguió adelanta impávida.

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