Eielson escribe sobre la desnudez, el lenguaje y Marilyn Monroe

Extraído del texto Primera muerte de María, en el libro compilatorio sobre Eielson, Nudo. 24 de setiembre de 1980.

Imagen: Documental Eielson des-nudo.

Imagen: Documental Eielson des-nudo.

Siempre he tenido una instintiva aversión por los vestidos. Nacido muy cerca del mar, desde niño he corrido por las playas casi desnudo. Aprendí a nadar a los diez años —cosa que, en la época, denotaba una rara precocidad— y hasta los veintiuno, no me perdí ni un solo año de mar y de sol. Desde entonces, considero perverso todo lo que vela y oculta el cuerpo humano. Todo lo que lo disimula, lo nubla, lo aísla, lo reprime, lo mutila. El cuerpo es, para mí, desnudez. Como el lenguaje es desnudamiento. El cuerpo es un lenguaje cuya clave de lectura es el amor. El lenguaje es un cuerpo cuyo ejercicio es un acto de amor: ambos requieren de una extrema desnudez para entregarse.

Los vestidos con los que, en 1962, realicé mi Réquiem por Marilyn Monroe, según he anotado antes, siguen siendo para mí el equivalente plástico —táctil y visual— de la moral burguesa: la disimulación, el aderezo, el arropamiento, el falso pudor, las buenas maneras, el maquillaje, el travestimiento, la mascarada. En El cuerpo de Giulia-no —escrito un par de años antes de la manipulación de los vestidos— el travestimiento de Giulia en Giulia-no, y viceversa, es un recurso escénico y narrativo virtualmente impuesto por la platea, y por el lector, para dar mayor resalto al drama el artista en un mundo regido por el conformismo. El Gran Traje de Seda Negra —como el Traje de Satén Violeta— no es sino un esplendente, doloroso disfraz. Es también una macabra anticipación del Réquiem, que más tarde habría de realizar con un traje semejante, del que no conservé sino el busto (como de las camisas no conservaba sino el cuello, o de los pantalones la bragueta). En ambas ocasiones, la protagonista se suicida.

Marylin Monroe

En ambas ocasiones, los vestidos  (que ocultan el deseado cuerpo) desaparecen en el instante final: Giulia, desnuda en las aguas del Gran Canal de Venecia; Marilyn, desnuda en su lecho solitario de Hollywood. El mecanismo perverso que destruye sus cuerpos es el mismo: la modelo equívoca, que posa para mediocres revistas ilustradas, no puede ser sino una prostituta; la famosa actriz, que tiempo atrás posó desnuda ¿qué otra puede ser sino una mujerzuela? Está demás imaginar lo que un traje de satén violeta podría significar en el cuerpo de una bailarina de strip-tease. El diafragma que separa la literatura —considerada como una de las bellas artes—, de la retórica burguesa, es el mismo que separa una noche de amor delirante, de un tranquilo matrimonio. Se trata, en este ultimo caso, de un simple detalle formal, de una superflua ceremonia, que nada significa en la historia de la literatura, cuya verdadera esencia ha sido, y será siempre, la batalla por la conquista de un nuevo lenguaje. Como los diálogos de doña Paquita con sus amigas, como los de Roberto consigo mismo, o como los discursos del Ministro, ellos acarrean las aciagas convenciones de una sociedad que destruye todo lo que desvía su eterna marcha hacia el poder.

Pero el auténtico escritor no es solamente el que escribe los más puros y osados textos, sino sobre todo el que los vive con igual pureza y osadía. De esta manera el libro se convierte en un instrumento de combate, en un arma de amor y de muerte. Aunque sin olvidar sus necesidades lúdricas plásticas, sonoras, musicales, su pasión cognoscitiva, y, lastbut not least, un inocente, refrescante, irreverente humorismo.Una gota de ironía.

El lenguaje es un cuerpo cuyo ejercicio es un acto de amor: ambos requieren de una extrema desnudez para entregarse.

Este ambicioso proyecto —y es este el verdadero, el único milagro de ese oscuro señor que se llama el escritor— solo podrá obtenerse con la más preciosa y más rara de sus cualidades: la inocencia. Sin este milagro —que es la condición permanente del ser del escritor— no hay poesía, no hay amor, no hay libertad, no hay ensueño, no hay nada. Lo milagroso se nutre de sangre humana, porque nuestra sangre es un milagro. En las antiguas civilizaciones, como en las sociedades llamadas primitivas, los hombres siempre han vivido en estrecha intimidad con lo milagroso. El sacerdote, el iniciado, el chamán, el brujo, no son solamente entidadesmágicas hechas carne, ciencia y experiencia, sino verdaderos acumuladores de un saber inocente, que no desafía a la razón: simplemente, la ignora y la sobrepasa.

Así la literatura —entendida como poesía— es una herencia mágica, cuya capacidad para transformar el mundo es inmensa. A condición de no ceder a las estériles sirenas de la realidad, del confort retórico y del éxito. Y este sacrificio no tendrá tampoco ninguna recompensa. Salvo el misterioso, irrenunciable placer de la invención y del ensueño, que, a final de cuentas, son la materia prima de toda aventura humana. Y aun si la palabra oral sobreviene (la próxima generación de microcomputadoras recibirá y transmitirá mensajes orales), si el antiguo verbo de Homero, Pitágoras, Sócrates, Buda, Jesús, vuelve a la boca del hombre, la escritura tendrá siempre el singular privilegio de una tecnología hipersensible y varias veces milenaria. El milagro encontrará, simplemente, un espacio mayor para manifestarse.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s