Jorge Basadre escribre sobre José Sabogal

Texto extraído del libro Perú: problema y posibilidad de Jorge Basadre. Publicado en Lima, 1931.

José Sabogal

José Sabogal frente a uno de sus cuadros

El Perú no es sólo un problema social o un problema político: es también un problema artístico. Es precisamente en el plano artístico donde tradicionalmente ha sido más un problema y una posibilidad. Antaño también habían habido tan sólo intentos, aproximaciones, cateos, a este
respecto.

En los últimos años esos esfuerzos se intensifican y mejoran. Es aquí cuando nace el arte de Sabogal. Hombre cabal, ni hostil ni efusivo, sano sin ser burdo, refinado sin ser decadente, Sabogal significa también artísticamente equilibrio, plenitud. Nuestra prisa es en él madurez; nuestro desequilibrio, sobriedad; nuestro abigarramiento, seguridad.

Ignoro definitivamente si el arte ha de ser un espejo puesto en el camino de la vida o inventar una vida propia como la naturaleza inventa el árbol ya que el hombre para andar no imitó a un pie y creó la rueda. Ignoro también si es superior el arte que copia o el arte que crea. Me atrevo a pensar tan sólo dentro de la humilde verdad de que toda obra de arte es auténtica si es bella, si realiza la finalidad para la cual fue hecha. Este no es, pues, un comentario estético ni técnico.

La suya sí que no es una peruanidad enumerativa y horizontal. Es una peruanidad esencial y vertical. No está sólo en su anécdota: está en su categoría.

Los cuadros y xilografías de José Sabogal, muy numerosos ya tanto en lo que respecta a tipos humanos — hombres y mujeres, niños y ancianos —, como en paisajes y ambientes, se prestan para una exégesis que tan sólo se circunscriba a lo puramente peruano. Y es que dentro de los ensayos que se han hecho “en busca de nuestra expresión”, la obra de Sabogal es acaso precisamente lo más logrado y definitivo, inclusive tomando en cuenta lo que se ha hecho literaria y musicalmente.

José Sabogal pintura

PERUANIDAD VERTICAL

El arte de Sabogal abarca, en primer lugar, al Perú en su variedad histórica, geográfica y étnica. Algunas de sus xilografías remozan el arte de los alfareros prehispánicos. Ha querido evocar la suntuosidad de los sacerdotes del Sol. No ha dejado de tentarle el atractivo demasiado vulgarizado de la tapada y ha decorado al mismo tiempo el panteón de los próceres. Abundan, por otra parte, en su obra las visiones del Perú de estos días. Insuperable intérprete del indio y de la sierra, ha sabido también captar el alma sensual y mixta de la zambita limeña. Pintor sardónico de la procesión del Señor de los Milagros, siente al mismo tiempo la sombría belleza del “Taytacha Temblores” cuzqueño.

En su “Procesión de los Milagros” las negras gritan chillonamente mientras el mozalbete de pelo ensortijado va detrás de la huachafa. En sus varias versiones del Taytacha, la masa indígena tiene un ensimismamiento trágico, los curas aparecen doctorales o epicúreos, hay gravedad atávica en el talante señoril de los indios notables ennoblecidos por el poncho precioso, o taciturna estolidez en los indios hirsutos. Si de un lado ha cogido el donaire zandunguero de la fiesta de Amancaes, de otro no sólo ha copiado sino ha descubierto la belleza eglógica de las fiestas de las cañas en Ayacucho, donde cada una de las bailarinas en círculo está en distinto movimiento de su ritmo y el cuadro mismo parece girar. Aun dentro de sus versiones de la sierra misma, se marcan diferencias y matices. Un cuadro representando la plaza del Cuzco no es igual a otro cuadro representando la plaza de Ayacucho; Ayacucho es más claro, más amable y más alegre y el Cuzco más grave, más recio y más huraño. Ningún texto de Geografía refleja tan admirablemente, por lo demás, el paisaje peruano.

La obra de Sabogal es acaso precisamente lo más logrado y definitivo, inclusive tomando en cuenta lo que se ha hecho literaria y musicalmente.

Aquí está la puna, en que el cielo parece otra puna, con toda su tragedia; más allá la singularidad del ambiente del Mantaro; también la atmósfera opalina de la costa en esta visión de Cantagallo.¡Y qué colección de cielos los de Sabogal!  Mañanas de feria dominical; mediodías en que el sol cae a plomo sobre las callejas desiertas de la provincia; atardeceres increíbles de lampos vanguardistas. La piedra y la loza, el portón y el techo, el villorrio y la pampa dicen también allí su simbolismo. La historia del traje y del sombrero peruanos deberá, asimismo, a Sabogal una guía y un muestrario: desde los de la supérstite pureza quechua de Chincheros hasta el amestizamiento improvisado de Huanta. Por influjo de su propia virilidad sobria, de su arte serio y sano, Sabogal prefiere un tipo de indio bien distinto al que ha perennizado una leyenda lacrimosa y pueril. Pero al lado de esa limpieza que realiza con el manido tema elegiaco, su pincel está bien distante de ser monótono.

Razas y subrazas revelan por él su mensaje impenetrable. En ojos humanos no más, su cosecha esóptima: ojos de ratón de los indiecitos tiernos; ojos de ave del aimara hosco; ojos de buho delgamonal odioso; ojos de gacela de la mujer propicia. Y hasta para pintar la llama, escapa del lugar común, y, lejos de las estilizaciones femeninas y mentirosas, sus llamas son menos finas pero más reales, diversas y pintorescas.

Arte uno y vario, en suma, que a veces es parcamente retratista; otras veces grita y protesta, como cuando pinta al gamonal, mejor que en un panfleto; y también no deja de acercarse a la sátira goyesca como al perennizar a aquel tinterillo agudo como su pluma de ave y seco como su código. Arte vigilante y señero que ha cogido el alma de nuestra gente y de nuestras cosas en la soledad,en el monólogo y en la multitud; que ha sorprendido el horror de la lánguida vida provinciana con sólo reflejar el silencio de las callejas desiertas y que se ha mezclado en el alboroto de la feria, ha bebido en el jolgorio de la fiesta, ha adivinado esa solemnidad que adquiere la naturaleza cuando el hombre no la mancha.Pero, sobre todo, la peruanidad del arte de Sabogal no está en su vastedad. La suya sí que no es una peruanidad enumerativa y horizontal. Es una peruanidad esencial y vertical. No está sólo en su anécdota: está en su categoría. Tipo de peruanidad enumerativa, horizontal y anecdótica es la poesía de José Santos Chocano.

Alcalde Varayoc

Alcalde Varayoc

EL HUACO, ANTEPASADO, Y EL MATE, PARIENTE DEL ARTE DE SABOGAL

Desde el punto de vista peruano, el arte de Sabogal tiene su más lejano antecedente en los artífices de huacos y telas. El huaco debe ser reivindicado en cuanto a sus posibilidades y realizaciones artísticas y a sus contactos con el arte nuevo con el cual suele tener paradojales semejanzas: los primeros vanguardistas vivieron en el Perú hace más de seis siglos.

El miedo y la cólera, la ironía y la risa, lo terrible y lo familiar son reconocibles en estos rostros de ciegos en actitud pordiosera, de viejos barbudos o arrugados, de madres, de guerreros que dormitan o vigilan, de jueces en su solio, de músicos echados, de hombres — en fin — como aún se ven en la sierra: toda una población supervive inmovilizada a través de los siglos. Huacos arquitectónicos reproducen la fortaleza o la vivienda. Huacos guerreros repiten el combate cuerpo a cuerpo, la fuga, las mutilaciones, el apedreamiento, el sacrificio en que lanzan desde una montaña, la boca abajo, a la víctima. Huacos religiosos son simbólicos y esotéricos.

Un cuadro representando la plaza del Cuzco no es igual a otro cuadro representando la plaza de Ayacucho. Ningún texto de Geografía refleja tan admirablemente, por lo demás, el paisaje peruano.

Huacos zoológicos se inspiran en los animales y aves que conocían: un tigrillo con las fauces abiertas implica aciertos de oportunidad interpretativa y en un largo pico de ave que se arquea hundiéndose en su pecho, hay una estilización refinadísima. Huacos ornamentales se hacen inolvidables por la alegría y lasensualidad de los tonos, por el capricho lleno de finura y de delicadeza de los dibujos deincontables motivos. Hubo, pues, sin duda, verdaderos genios de la alfarería a los que no llega ni siquiera el pago tardío e inútil de la gloria. E igual sensación se recoge de las telas — restos deponchos, de bolsas, de cushmas —, como de encaje o brocado, cuyos colores inalterables o múltiples no hubieran desmerecido en las dalmáticas bizantinas.

Después de la conquista, esta vena pictórica autóctona languidece o se desvía; pero tiene eventuales reapariciones. Está en el ingenio de los ignorados artífices indios que en los ornamentos de las catedrales y templos coloniales injerta motivos de la flora o de la fauna regionales creando así la arquitectura mestiza cuyos exponentes son por ejemplo la iglesia de Chucuito y la iglesia de la Compañía de Arequipa. Está igualmente en los pintores indígenas o mestizos cuyos lienzos en las iglesias provincianas son glorias locales. Y se prolonga ya con cierta tosquedad y primitivismo en los mates de artífices anónimos especialmente de Huanta y Ayacucho, que precisamente ha revelado y exaltado Sabogal.

Es el arte de Sabogal la culminación y la depuración de esta vena racial antes subterránea,desdeñada o bastardeada. Se ha dicho que el genio alemán es musical y filosófico, el genio francés literario y el genio español pictórico. El Destino ha querido que el Perú sea en el arte pictórico,como México, por primera vez una realidad y una solución y no una posibilidad y un problema.

Una de las tantas portadas de la mítica Amauta que realizó Sabogal.

Una de las tantas portadas de la mítica Amauta que realizó Sabogal.

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