Ribeyro en Ayacucho: Cualquier hombre razonable echaría aquí el ancla

Texto extraído de los diarios La tentación del fracaso. Huamanga, 26 de octubre de 1959.
Ribeyro

 

¿Por qué esa tendencia a huir o evitar lo que me conviene? Ni entré al Ministerio de Relaciones Exteriores cuando tenía 15 años ni mi recibí de abogado, ni hice estudios regulares en Europa -lo que me representaría estar ahora en San Marcos como profesor full-time – ni perseveré en Duplotécnica… Ahora, Huamanga me ofrece la oportunidad de reintegrarme a la comunidad, no sólo desde el punto de vista académico. Aquí puedo no solamente trabajar sino ahorrar y aun hasta casarme.

En mis escasos momentos de pragmatismo me digo: “Es la oportunidad”.

Hay una candidata lugareña, bastante bonita, quizás la única de toda la ciudad, afortunada además aunque un poco gris de temperamento, a quien cortejé en un bautizo. Cualquier hombre razonable echaría aquí el ancla. En mis escasos momentos de pragmatismo me digo: “Es la oportunidad”. Pero siempre ese horror a las raíces, esa fobia por el sedentarismo. Sé que dentro de tres meses me iré de esta universidad, gastaré mis mil dólares en viajar a Europa, perderé -una vez más- a esta simpática regnícola. ¿Para qué? Para vagar por el Barrio Latino, sabe Dios en busca de qué amores, de qué escrituras, de qué recuerdos fantasmales. Mimí me espera, es verdad, y los hoteles donde viví con C. Pero, ¿qué significa esto desde el punto de vista positivo? Diríase que busco furiosamente la frustración, el aniquilamiento.

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