Un Premio Nobel en Perú, William Faulkner visita Lima

Artículo publicado en el diario La Prensa. Lima, domingo 8 de agosto de 1954.

William Faulkner Lima

Faulkner elogia a negros yanquis

Haciendo jugar entre sus dedos una fina pipa de roble, el novelista William Faulkner evadió a punta de bromas las preguntas que le hicieron los periodistas limeños sobre la guerra, la bomba atómica y su vida privada y sólo se animó a hablar a fondo de los norteamericanos de color. Dijo Faulkner en la conferencia de prensa organizada por la Embajada de los Estados Unidos que, a su parecer, “la raza negra ha progresado más que la raza blanca, en Norteamérica, en los últimos cincuenta años”.

Precisó el autor de “Una fábula” -el libro que antes de ser editado ha provocado ardorosas polémicas- que si la gente de color fuera dejada sola en su gobierno, resolvería mejor sus problemas sin intervención del Gobierno Federal. Aclaró también que su pensamiento es abiertamente opuesto a la discriminación racial. Mientras se acomodaba en el ojal la Legión de Honor conferida por Francia, Faulkner manifestó que él trabaja en una hacienda en el Mississipi, a medias con una familia negra.

Con un inglés pausado manifestó el novelista, considerado por los críticos como el número uno en su patria, que todos los escritores de la llamada “generación perdida” -entre los que están Hemingway, Steinbeck, Dos Passos y Wolfe- han fracasado. Afirmó también, después de mucho dudar, que el escritor europeo que más admira es André Maulraux. De sus compatriotas dijo que admiraba a un novelista y de nombre desconocido en el mundo de las letras. Después de hacer varias acotaciones de un humorismo de factura norteamericana, Faulkner confesó que no había llevado la cuenta exacta de sus ganancias en sus libros, que, sus derechos de autor le permitían vivir más o menos regular y que, cuando necesitaba dólares con urgencia, iba a Hollywood para escribir libretos para cine y televisión.

Cuando el cronista inquirió sobre el reciente artículo de una revista norteamericana en que se descubre a Faulkner como insigne bebedor, de la talla de Hemingway, el escritor respondía que no leía revistas y luego, hábilmente, evadió tocar el tema de las bebidas alcohólicas.

Con gran entusiasmo expresó que era demócrata, como la mayoría de los pobladores del sur norteamericano, y que en las últimas elecciones había votado por Adlai Stevenson, por quien dijo tener particular admiración. Faulkner respondió ampliamente a todos los que le hicieron preguntas en torno de sus novelas, sus métodos estilísticos y su concepción de la moral. Risueñamente comentó más adelante que lo peor de este mundo son los discursos y que él no pensaba pronunciar ninguno en el Congreso Mundial de Escritores a realizarse en Sao Paulo, en Brasil. En esta reunión de escritores se comentará la última novela de Faulkner, “Una fábula”, en la que aparece radicalmente distinto, en cuanto al fondo moral, a sus anteriores producciones.

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