Paco Bendezú revela quién es Mercedes de su poema Twilight

Rescate del diario La República luego del fallecimiento del poeta Francisco Bendezú. Lima, 29 de febrero del 2004.

Paco Bendezú poesía

Entrevista de Peter Elmore y Federico de Cárdenas

-Quisiéramos saber cuándo fueron los inicios de Francisco Bendezú en la poesía…

Muy tempranamente; casi podría decir que en mi infancia siento ya que soy poeta. Me refiero a mis ocho años, cuando me di cuenta de que poseía el fuego de la poesía, que felizmente nunca me ha abandonado. Mi obra publicada es breve, apenas tres libros: Arte menor (1960), Los años (1967) con los que gané el premio José Santos Chocano y Cantos, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1969, pero tengo otros inéditos.

-Formas parte de la generación del 50.

Así es. Y aquí quisiera señalar que si bien también la llamo así -de acuerdo al consenso de la crítica y de los propios poetas-, considero que hay un argumento válido para llamarla generación del 45. De este modo la aparición de los primeros poemarios de Eielson, Sologuren y Salazar Bondy coincidiría con un hecho trascendente en la historia nacional, cual es el triunfo del Frente Democrático Nacional con Bustamante y Rivero. En cambio el 50 es el año del inicuo ascenso de Odría encarcelando al candidato rival, que no merece recuerdo. Pero acepto que 50 es cifra redonda y además permite englobar a poetas que vienen ligeramente detrás.

-¿Cómo te vinculaste a la gente de tu generación poética?

Ingresé a San Marcos en 1945. En ese momento las voces jóvenes de la poesía eran Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy y Raúl Deustua y, en el otro lado, Lucho Carnero Checa, Gustavo Valcárcel, Alberto Valencia, Eduardo Jibaja, Ricardo Tello y otros. Era el grupo de los “poetas del pueblo”. Nunca tuve militancia decidida en ninguno de estos grupos. Mi poesía -como señala Washington Delgado- es una poesía escindida. Soy un hombre de izquierda, sin embargo cultivo una poesía que es completamente lírica, erótica o -si quieren- amatoria, preocupándome por la intensidad, la pureza del lenguaje, el rechazo rotundo a la expresión aproximativa. Sé que esto me acerca a los parnasianos: no dejo margen al lector para fantasear. No es una poesía de sugerencias; al contrario, es una poesía muy construida, escultórica. Y la trabajo muchísimo; por cada libro publicado hay miles de páginas corregidas. Sólo para Cantos, más de tres mil.

-Tanto en Cantos como en Los años se cita a Giorgio de Chirico, por esto queríamos preguntarte cuál es tu contacto con el Surrealismo, ¿consideras que ha influido en tu poesía?

Cuando ingresé a San Marcos, como todo egresado de La Recoleta conocía el francés. En ese entonces la Biblioteca de San Marcos estaba bien provista, cargada de novedades e inclusive de antigüedades hoy desaparecidas. En el 45 tenía 17 años y ahí en la biblioteca fue que leí a Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé y luego a los surrealistas: Aragon, Breton, Eluard, Char y otros. Fue un deslumbramiento.

-¿Y tuviste algún contacto con los surrealistas peruanos?

Con Westphalen, a quien admiro profundamente. Fue él quien en el año 48 me publicó tres poemas en su revista “Las Moradas“. Tres poemas que nunca pensé iban a tener la repercusión que tuvieron. En aquella época -a través de Blanca Varela- estaba ligado amistosamente con Javier, Sebastián, Jorge Eduardo. Nos reuníamos en casa de Blanca a conversar de literatura hasta la madrugada y dar largas caminatas. Leíamos cosas nuestras y las discutíamos. Así se fue forjando una gran amistad. Fue Blanca quien mostró mis poemas a Westphalen. A poco de mi ingreso a San Marcos, formamos un grupo de cinco escritores: Juan Gonzalo Rose, Pedro Álvarez del Villar, Carlos Araníbar, José Cassapía y yo. Le pusimos de nombre Penta-ultra que, como alguna vez contó Rose, intentaba significar “los cinco que están más allá”; en fin, la “avanzada literaria”. Creamos una escuela que se llamó el “absurdismo” y que quedó nonata. En esa época había muy buena relación con los poetas y escritores de la PUCP: Washington Delgado, Pablo Guevara, Leopoldo Chariarse, Julio Ramón Ribeyro, los que venían a San Marcos tanto para dialogar como para organizar grandes juergas.

LA POLÍTICA, LOS VIAJES

-Hay un poema que forma parte de Los años y que está fechado en 1953, desde la Penitenciaría. ¿Tuviste actividad política?

Sí. Es el poema que dice: “Los días pasan/ como tranvías/ El amor muere/ Melancolía”. Fui responsable de la fracción del PC en San Marcos y estuve cuatro veces preso. Eso no alteró mi fe en el comunismo. También estuve desterrado cuatro años, pero tampoco claudiqué por ello.

-¿Mantienes tu militancia?

No la tuve nunca. Soy un simpatizante, lo que propiamente se llama un “compañero de viaje”.

-La casi totalidad de tu generación partió al extranjero en algún momento, sea con intención de aprendizaje, en busca de nuevas experiencias o, en unos pocos casos, a establecerse allá. En tu caso parece que la partida no fue voluntaria.

Efectivamente. Me deportaron a Santiago, donde permanecí cuatro años. Volví a Lima con tan buena suerte que me dieron la beca “Javier Prado”, en gran parte gracias a la bondad de Raúl Porras, a quien dije que, teniendo 29 años, era mi última oportunidad de presentarme, pues el tope era 30. El otro candidato era Vargas Llosa. Le expliqué que nada tenía contra él y que seguramente Mario Vargas Llosa ganaría la beca luego, pero yo no. Me la dieron a mí. La beca era en España, pero al llegar me di con la sorpresa que Franco no permitía mi entrada. La policía -increíblemente bien informada- me dijo: “Usted es Ulises y no puede entrar”. Era cierto que alguna vez había firmado textos como “Ulises” y no lo negué, eran artículos periodísticos. “Son textos contra Franco y lo hacen a usted enemigo de España”, me dijeron. Alegué que no venía a poner bombas a Franco -aunque ganas no me faltaran- sino a estudiar poesía con Dámaso Alonso y Carlos Bousoño, pero no me dejaron entrar. La gente del Banco Popular comprendió la cosa y permitió que viajara a Roma.

-Esa temporada en Italia tuvo gran importancia, ¿no?

Fundamental. Sigo enamorado de Roma y el primer año de la beca me lo pasé metido en los museos y en el cine. En el segundo, esta vez con una beca del gobierno italiano, aproveché para completar mis estudios de literatura italiana, que concluí con todos los honores.

DE LOS AÑOS A CANTOS

-Vemos un salto expresivo de Los años a Cantos. En el primero hay un excesivo regodeo con la palabra…

En Cantos también lo hay, pero lo que sucede es que se amplía mi capacidad respiratoria. Paso del verso breve, del verso de arte menor, clásico, al verso desbordado, amplio, libre aunque muy trabajado. Siempre en base a la imagen surrealista, un tanto irracional, la sinestesia, el oxímoron, el antagonismo en los términos -soledad sonora, música callada- que es una figura que utilizo en Cantos.

-Junto a esa influencia surrealista hay una fascinación por el vocablo cultista.

Así es. Yo adoro el idioma.

-¿Cuál es tu relación con la poesía española del Siglo de Oro?

Enorme. El Siglo de Oro es mi lectura predilecta. Después de San Juan de la Cruz -que es, sin discusión posible, la cumbre-, Fray Luis, Garcilaso, Manrique, todos me gustan. Y mi único vicio confesado es leer El Quijote en permanencia.

-¿Por qué esta ausencia de la vertiente anglosajona en tu poesía?

Ahí sí pueden llamarme sectario. Para mí poesía es volver a las fuentes, estar en la matriz. No tengo nada contra los poetas anglosajones, he leído a Byron, Shelley, Keats, Blake, etc., y los admiro. Pero me doy cuenta de que no forman parte de mi idioma.

MERCEDES

Los años está dedicado a Mercedes y “Twilight“, uno de tus poemas más hermosos, también. No queremos parecer indiscretos, pero es forzoso preguntarte por el significado de Mercedes en tu poesía.

No hay indiscreción alguna. Mercedes es mi Beatriz. Es la mujer que más he amado en mi vida y la única de las que he amado a la cual retornaría. Es cierto que mi concepción del amor -como se ve en mi poesía- entraña un perfeccionismo. Pertenezco a esa extraña fauna de los enamorados del amor.

-¿Cómo llegas a ese poema? ¿Cómo nace “Twilight“?

Mercedes es española. Su padre era don Antonio Ramos Oliveira, historiador y socialista. Tuvo que salir exiliado, primero a Londres, luego a México y de ahí a Chile, con su mujer y cinco hijas. Y es en Santiago que conocí a Mercedes, que tenía 15 años. Yo tenía 22 y fue un lindo amor -al menos a mí me lo parece-. El poema surge a raíz de una carta de ella, en la que me decía: “Tengo muchas cosas que contarte: me he casado”. Ya podrán imaginar lo que me sucedió. Me pegué una borrachera memorable y, entre la resaca, surgió “Twilight“. Hubo labor de corrección en el poema, pero muy breve para lo que suelo hacer.

POESÍA Y REALIDAD

-Aunque no lo hayas dicho exactamente así, eres un poeta formalista, muy minucioso en el trabajo verbal.

Es cierto. No crean que me avergüenza que me digan formalista. Si por formalista se entiende intentar hacer el verso más bello, lo soy. Pero mi poesía es intensa, no es algo inventado o fruto de la fantasía -no es fruto de una fantasía incauta, como diría Alberto Escobar-, parte de una vivencia real: todo tiene nombre, fecha, calle, ciudad. En ese sentido soy realista. No reivindico esto como una nota que me haga original, pero ya les dije que soy un escindido. Muchos se preguntarán cómo es posible que sea comunista y siga hablando de la mujer y de mis amores. Qué le vamos a hacer; soy así y no lo hago por pose o para desorientar al crítico. Otros son graves y profundos, a mí me encanta el color. Siento que hay en mí un pintor frustrado, pero como no tengo la menor capacidad para el dibujo, entonces hago poesía.

-Hay una constante en tu poesía que es su capacidad de exaltación, de vinculación con la emoción de modo muy intenso.

Aragón decía que la vocación profunda del poeta es una vocación de canto. Mi vocación profunda es el canto. No podría escribir nada sino partiera de una sensación intensa.

-¿Alguna vez te ha interesado escribir novela o cuento?

No, y no es que no me gusten, pero me siento fundamentalmente poeta. Soy un gran lector de novela, tanto clásica como policial. Pero mi vocación es el canto, y difícilmente puede mantenerse un tono de exaltación a lo largo de muchas páginas. Reconozco que para escribir necesito hacer uso de mi horrendo entusiasmo.

-¿Cuáles son los poemas que prefieres de tu obra?

-“Twilight”, “Oda a la tarde”, “Fantasma”, “Los años”. Creo que con cuatro es suficiente, ¿no?

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