Abraham Valdelomar ha muerto

Lamento de César Vallejo por la muerte de Valdelomar.  Diario La Prensa, Lima, 4 de noviembre de 1919. 

Valdelomar muerto Vallejo

“Abraham Valdelomar ha muerto”, dice la pizarra de La Prensa.

A las cuatro de la tarde he leído estas líneas incomprensibles, y hasta este momento no quieren quedarse en mi corazón. Gastón Róger también me lo ha dicho, y tampoco me resigno a aceptar semejante noticia. Llorando, sin embargo, atravieso el jirón por donde caminé tantas veces con Abraham, y sobrecogido de angustia y desesperación llego a mi casa y me echo a escribir precipitadamente y como loco estas líneas.

Abraham Valdelomar ha muerto. A esta hora vuela la noticia. Pero, ¿es posible? ¡Oh, esto es horrible!

“Hermano en el dolor y en la belleza, hermano en Dios”.  Abraham, tú no puedes haberte ido para siempre; es imposible. Sólo, “como cuando viajabas, hermano, estás ausente”. Sí, nada más, estás ausente desde la mañana en que partiste en un tren que volverá a traerte. Sí, estás viajando hermano, nada más. Y, volverás pronto, hermano. Te espera tu hermano; te esperamos nosotros, tus hermanos todos. Volverás para realizar todos tus sueños de amor, de belleza y de bondad en la vida, y porque tienes y has recogido en tus últimas romerías muchos dolores de la tierra que vas a inmortalizar por obra y gracia de tu corazón inmenso de creador y artista genial. Por eso volverás, hermano, grande amigo. Así lo siento y lo quiero en este crepúsculo de primavera con cuya tinta rosada y triste escribo ahora. Y volveré a verte y estrecharte, como siempre, con toda mi alma, en la mesa familiar, cuando tu madre que acaso algo quiere decir, vea el lugar del ausente y se ponga a llorar… en la cena de esta noche diremos que volverás pronto, muy pronto, a los brazos maternales que te cantarán el tierno y melancólico a-rro-rró de tus versos antiguos.

¿Pero qué me pasa? ¿Estoy llorando? ¿Por qué se me aprieta el pecho? ¡Ah, detestable pizarra de La Prensa!

Abraham Valdelomar ha muerto.

El hombre bueno e incomprendido; el niño engreído, con noble y suave engreimiento; el mozo luchador, el efebo discuto del arte; el vencedor de la muerte y el olvido.

Abraham Valdelomar ha muerto; el cuentista más autóctono de América; el nombre más sonoro de la última década de la literatura peruana.

“La campana de la basílica lírica está tocando vacante…”

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