Eielson, el budismo y Michele Mulas

Fragmento de la entrevista de Martha Canfield a Jorge Eduardo Eielson. Milán, enero del 2006.

Eielson

MC. A propósito de budismo, y volviendo a tu libro, el largo poema dedicado al recorrido en autobús entre la Puerta Flaminia y la plaza de Tritone, sugiere que algunos itinerarios constituyen una búsqueda improrrogable pero que condiciona la existencia. ¿Qué hacer -se pregunta la voz poética- si no se puede evitar caminar día y noche “pidiendo limosna a las nubes” y “buscando a Dios entre las patas de una mesa”? Me parece que la búsqueda de la revelación entre los objetos más humildes, como las patas de la mesa, es casi un anuncio de tu vinculación al pensamiento zen, que se concretizará algo más tarde, culminando en París en el encuentro con Taisen Deshimaru.

JEE. Así es. Sin embargo, respecto a mi relación con Taisen Deshimaru y con mi práctica del budismo en particular, tendría que aclararte algunos puntos. Mi descubrimiento del budismo fue contemporáneo a mi encuentro con Michele…

MC. ¡Ah, eso no lo sabía!

JEE. Todo ocurrió en una sola jornada de fines de mayo de 1960. Almorzando con James Merril, el poeta norteamericano, que entonces vivía en Roma, me obsequió un libro de Alan Watts, de iniciación al budismo zen. Fue una revelación. Esa misma tarde, otro amigo, esta vez romano, siempre en la Piazza del Popolo, me presentó a Michele. Sólo varios años más tarde me he dado cuenta de lo que ese día había significado para mí. En la amistad, como muchas veces sucede en el amor, también existe lo que se llama coup de foudre. Así fue con Michele, y como tú sabes, 42 años de cristalina y fraternal amistad, hasta su reciente desaparición. Un apocalipsis privado sobre el cual, como comprenderás, me es imposible hacerte ningún comentario. Pero, lleguemos al punto. En 1970, de nuevo en París, comencé a frecuentar el dojo de Taisen Deshimaru por varios meses, a pesar del agudo malestar que me provocaban las largas sesiones de za-zen (meditación sentado), a causa de un problema a la columna debido a los continuos saltos del trampolín que practicaba de muchacho. Una tarde, en un pequeño café cerca del dojo, en donde Taisen solía tomar una taza de té, y en donde casualmente me encontraba con Michele, de pronto Taisen me llamó a su mesa, cosa que no hacía nunca con sus discípulos, y en pocas palabras me dijo que ya no necesitaba de su enseñanza. Cuando le repliqué tímidamente que, si no lograba progresar, la verdadera causa era quizás mi posición defectuosa, o la edad, dado que entonces había superado los 40 años, o incluso mi actividad artística que interfería demasiado con la meditación (si se tiene en cuenta que en la escuela Soto, practicada por Deshimaru, lo único que cuenta es za-zen), él de inmediato me dijo: “No, nada de eso. Lo que pasa es que usted ya tiene un maestro, y además la euforia indispensable para seguir por su cuenta”.

Por cierto, el maestro de que me hablaba no podía ser sino Michele, que apenas había entrevisto a mi lado y del cual no sabía nada. Y, en cuanto a la euforia, yo no tenía la menor idea de poseerla. Pero fue en ese preciso instante que todo me pareció claro y sencillo como nunca. El mismo Taisen ya no era el severo maestro que tanto me hacía sufrir y que, quizás, por eso mismo veneraba. Ya no. Ahora me parecía un viejo y entrañable amigo, e incluso percibí en su rostro una profunda dulzura, que antes no había logrado ver. Salí del café aturdido, pero lleno de felicidad.

MC. Una revelación extraordinaria para ti. Ya en otras ocasiones me habías hablado de Deshimaru, pero ahora descubro el rol de Michele. ¿Puedes decirme qué cosa te enseñó él?

JEE. Muchas cosas. La generosidad, el altruismo, la paciencia, el amor a la naturaleza, que Michele literalmente veneraba, pero sobre todo, la humildad.

MC. Que aparece ya con frecuencia en Habitación en Roma, poemario escrito antes de tu encuentro con Michele…

JEE. Sí, pero aquí tocas una cuerda dolorosa. Es verdad que mi inclinación por las cosas, las personas y los materiales humildes fue siempre innata en mí. Pero la paradoja, que vivía con gran angustia, era que, en la vida real, yo no era una persona humilde.

Estúpidamente, estaba convencido de mi talento, de la belleza, o supuesta belleza, que era capaz de crear, de la facilidad con que me movía entre mundos aparentemente distantes, pero entre los cuales veía lazos profundos. Mis relaciones con algunos notables artistas, escritores y hombres de ciencia, habían contribuido a convencerme de que mi visión era justa y que necesitaba sólo desarrollar mis ideas. Es cierto que también sentía mucho la injusticia humana y que me resultaba intolerable el sufrimiento que ella causaba. Pero, en fin de cuentas todo eso, que era la parte mejor de mí, lo volcaba en mi trabajo y era como si, de alguna manera, hubiera cumplido con mi deber. En mi vida personal, yo era simple y llanamente presuntuoso. Es decir, pregonaba la humildad pero no la practicaba. Un defecto que me parece deplorable y que afecta a la mayor parte de los escritores y artistas que he conocido hasta la fecha. Como decía Taisen, citando a su propio maestro: “Para saber qué cosa es una manzana, por bella y fragante que sea, hay que comérsela”. Pues bien, Michele me enseñó a comer esa manzana (1). Su serenidad además era como un bálsamo para mí. No existió nunca nada capaz de borrar su increíble sonrisa, ni siquiera cuando la enfermedad, ya muy avanzada, había casi destruido su cuerpo de atleta. Como puedes comprender, todas las personas que realmente lo conocieron, lo adoraban. Taisen tenía razón, y para mí sigue siendo un misterio cómo hizo para adivinar, a simple vista, su extraordinario humanidad.

MC. En nuestros conversaciones anteriores no me habías dicho nada de esto.

JEE. Porque Michele estaba a mi lado y no le habría gustado que revelera aspectos tan privados de nuestra amistad…

(1) En ese punto, Eielson tacha la siguiente frase: “Es decir, qué cosa es la solidaridad, la generosidad, el altruismo y además qué extraordinaria belleza se esconde en la vida cotidiana. Él tenía el don innato de iluminar hasta los momentos más difíciles”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s