Peleas literarias: Vicente Huidobro contra César Moro

Respuesta de Vicente Huidobro a una acusación de plagio por parte de César Moro. Publicado en junio de 1935.

vicente huidobro

Don César Quíspez, morito de calcomanía

El piojo homosexual César Quíspez Moro anduvo por París tratando de arribar, pues él sí que es el gran campeón del arribismo. Se quiso abrir camino entregándose como una prostituta. Sistema conocido, viejo y usado por tantos de su calaña. Luego después corría como un perro detrás de los surrealistas. Plagió y siguió plagiándolos especialmente a Max Ernst y a Dalí.

En Sudamérica tuvo el toupet de querer dar a entender que él había ejercido grandes influencias… entre sus condescendientes patrones. Ahora el coqueto piojo chilla en contra de mi persona y adopta la vieja estratagema de los ladrones de tienda que al verse sorprendidos huyen gritando más estridentes que sus perseguidores: Al ladrón. Al ladrón.

Pero no le valdrá la estratagema también plagada como todo lo suyo. Habla de arribismo y él es la esencia del arribista. Habla de plagio y él es la esencia del plagario. Habla de trucos y él es la esencia del truquista. Habla de confusionismo y él es la esencia del confusionista. En el mismo catálogo en que habla de confusionismo, publica esta frase de Dalí que él no comprende: Una actividad de tendencia moral podría provocarse por la voluntad violentamente paranoica de sistematizar la confusión.

Este delicioso anticonfusionista fue primero aprista, luego antiaprista y luego otra vez aprista; ahora él mismo no sabe lo que es sino que fue expulsado por Mariátegui del grupo Amauta. Toda mi vida, Morito, es una prueba de antiarribismo. Ello está tan a la vista que sólo un arribista no puede verlo. Tal vez porque gracias a los viñedos de mi padre nací arrivé.

Habla de los viñedos de mi padre como de algo terrible y aquí sigue al pie de letra la opinión de su compatriota, el crítico peruano Luis Alberto Sánchez, crítico especial para nuestro Morito. Sigue al señor Sánchez para no ser original en nada. Pero le aconsejo que tenga cuidado porque el padre de uno de sus patrones, Paul Élaurd, hizo su fortuna comprando terrenos y edificando, y dejó una buena fortuna, seguramente mayor que la de mi padre. ¡Cuidado Morito con meter la pata! Y ese extraordinario Raymond Roussel, ese Raymond Roussel que tanto admiran los patrones del coqueto gonococo, dejó más de setenta millones de francos y ¡horror! era banquero y de familia de banqueros, Francis Picabia, varias veces citado en el catálogo de Morito, también heredó millones. ¡Cuidado, Morito, estás metiendo la pata!

El delicioso Moro de mi alma se las quiere dar de muy jovencito. No pues, querido mío, no seas coqueto. Eres de mi generación, estás madurito. Aunque ello no te convenga para tu oficio, resígnate. Eres precioso y tienes una cara tan inteligente que asusta.

A su vuelta al Perú, el coqueto Moro trata de épater a cuatro criollitos inocentes con pedestres imitaciones de los Objetos Surrealistas, como el fusil con plumas que publica su catálogo -también imitado de las revistas y catálogos que hacíamos en París y en Madrid hace más de quince años y especialmente del que hice yo en Chile para la Exposición de diciembre de 1933.

Has llegado al Perú y te has encontrado con que todos los jóvenes eran superiores a ti, Morito precioso. Basta leer tu propio catálogo. Todos los poetas y los pintores que figuran en el son superiores a ti y desde luego, más originales. Has sabido que en Chile hemos organizado mucho antes que tú un grupo de poetas y artistas, todos superiores a ti. Llegas a todas partes. A pesar de que ya eres cuarentón. De ahí tu rabia. Quieres salvar tu cretinismo, triste gonococo de piojo, pescándote a remolque de un grupo de jóvenes que valen más que tú.

Los  poemas de este Morito coqueto son un mal plagio primero de Paul Éluard y más tarde de Dalí. Sus cuadros y dibujos son un plagio idiota primero de Max Ernst y luego de Dalí. Este coqueto piojo se sorbió el arte moderno francés por el trasero.

Si mi Árbol en cuarentena estuviera influenciado por los films de Buñuel, me alegraría mucho, pues considero los dos que conozco de él, Le chien andalou y L’age d’or dos films excelentes. Me agradaría estar seguro que todo lo bueno podría influenciarme y enriquecer mi espíritu. No conozco el film La Jirafa de Buñuel, pues falto de París desde noviembre de 1932. Ni he leído su texto, pues los surrealistas sólo me han enviado sus libros: Le revolver á cheveux blancs, que mandó Bretón; La Vie immediate, que me envió Paul Éluard y Oú boivent les loups, que me envió Tzara. No me han enviado su revista. Escribiré para pedirla y poder deberle algún favor al Morito Coqueto, o la leeré muy pronto a mi regreso a París.

(…)

Así pues, Morito lindo, te salió el tiro por la culata y esto te probará que mi honradez y mi estrictez llegan a un punto que tú no has conocido nunca. Para Morito todos son imitadores, todos son hermanos suyos. Es muy fraternal. Dice que Pablo Neruda es un plagiario sin habilidad. Lo desprecia porque no tiene su admirable habilidad. Y él es un gran experto en la materia. Siente odio por los que plagian mejor que él y sobre todo a los que imitan con anticipación al modelo.

La manía de los criollitos mediocres de buscar antecedentes e influencias a todo el mundo, esa manía de profesor de español como la llamó Picabia, tienen su origen en que los mediocres, como se saben mediocres impotentes, imitadores de todo lo que ven, creen que los demás son como ellos. El ladrón cree a todos de su condición, y más que creer quiere a todos de su condición… para igualarse…. ¿Comprendes, Morito?

Y te aconsejo otra vez que tengas cuidado, pues tu patrón Éluard también fue acusado por el mismo sirviente de Reverdy de imitar a Reverdy. A su vez Reverdy fue acusado de imitar a Max Jacob, Max Jacob de imitar a Apollinaire, Apollinaire de imitar a Alfred Jarry y a Rimbaud, etc. Tu amo André Breton fue acusado por un gemelo tuyo de imitar a Mallarmé y Apollinaire. Y cuando Marianetti vino a Sudamérica un articulista hablando de sus discípulos de París colocó entre los primeros el nombre de tu amo André Breton, lo cual es un colmo, pues Marinetti nunca ha hecho escuela en París y la poesía de Breton no tiene que ver con mediocridades futuristas.

Todos han sido acusados. No recuerdo ninguno que no fuera acusado de imitar a alguien, y es que la envidia es difícil de dominar. Para que rabies un poco Morito te copiaré un trozo de una carta de Juan Gris que era un cerebro muy superior al tuyo de coliflor, y en la cual me dice: “Encuentro muy injusta y muy torpe la afirmación de que tu poesía se parezca a Reverty (afirmación nacida de un interesado muy especial). A mí me parecen los polos opuestos y si algún parentesco tuvieron al principio, ese parentesco lo tenía todo el grupo de Apollinaire, como los cuadros de de los primeros cubistas se parecían entre sí, a veces hasta tal punto que el mismo Picasso y Braque podían confundir sus telas. Pienso que tu poesía es la que más se desprende del grupo Apollinaire y se orienta hacia otros nortes, tal vez exageradamente irreales o antinaturales de creación pura, como tú dices. Se nota  en tus últimos poemas una preocupación excesiva por la originalidad; ya sabes que la originalidad rabiosa me parece uno de los mayores peligros para el artista”. Y en una ocasión en casa de Lipchitz, después de haber leído varios trozos de Altazor, Gris me decía: “Ensayas demasiadas cosas nuevas a la vez. ¿No crees que eso puede ser peligroso?”.

La carta de Juan Gris es de 1919 y la conocen todos mis amigos y algunos amigos comunes de Gris y míos, que por otra parte oyeron lo mismo repetidas veces  de labios del propio Juan Gris, que asistió y actuó como un verdadero maestro en el nacimiento de todo el arte actual, que tú tan mal tratas de plagiar adorable Morito.

Los interesados pueden calumniarme y gritar cuando quieran. No destruirán los hechos, ni cambiarán la historia. Trata de hacer alianzas con todos mis detractores. Son de tu misma categoría y tan verdes de envidia como tú. Pero primero pónganse de acuerdo sobre mis modelos. Uno dijo que mi poesía venía de Góngora, otro que de Bocángel, otro que venía de Mallarmé y Rimbaud, otro de Herrera Reisig, otro de Valle Inclán, otro de Apollinaire y Max Jacob y Reverdy, etc. Pero sobre todo después de atacarme ¡por favor! no publiquen sus obras, porque entonces habrán perdido todo el trabajo en mi contra. Así le pasó a otro delicioso gonococo tropical que me atacó durante dos años y luego publicó un librito de versos con el siguiente título: Versos artísticos.

Si don Moro no hubiera publicado su genial poema y genial cuadrito, capaz que hubiera engañado a alguien. Es la vanidad lo que los pierde. Recuerdo un crítico que se deshacía insultando a Picasso y acusándolo de plagiario, hasta que un día le saltó un hombre limpio que le probó que en sus artículos sobre plagios de Picasso, cada vez que hacía un poco de concepto estético plagiaba a Maier Craeffe y a Albert Gleizes.

Pero tú, triste sirviente del surrealismo, tú si que eres plagiario y seguidor vulgar… y esto lo digo, no por manía criolla de buscar antecedentes, sino porque es la verdad. Citas en tu catálogo a Petrus Borel porque Breton cita a Petrus Borel. Citas a Rimbaud y a Lautréamont porque Breton cita a Rimbaud y a Lautréamont. ¡Pobre lacayo!, no sabe que nosotros desde 1913 citábamos en nuestros libros y revistas a Rimbaud y a Lautréamont. Citas a Young porque Breton cita a Young.  Si Breton hubiera citado a Pirum Pin Pum, el hediondito Mo-ro, estaría citando a Pirum Pin Pum.

Muéstranos algo tuyo, Morito coquetón, muestra algo que no sea robado. Rompe ese mal dibujo Piéton, plagiado de Joan Miró. Y para plagiar  a esos que son verdaderos pintores, aprende primero a pintar por lo menos. No eres capaz ni de darte cuenta de que Chirico, Arp, Miró, Ernst, Dalí, Magritte saben pintar, son pintores de la popa a la proa.

Cambia los títulos de tus pobres cuadros, ten siquiera un poco de dignidad e inventa títulos que no sean plagios de niña boba. Ten un poco de dignidad y destruye las frases que encabezan el famoso “Catálogo”, todas ellas son un plagio de la forma y en el fondo de la conocida de los surrealistas franceses: “Nous voulons décourager les gens qui voudraient venir a nous… et surtout les artistes”.

¡Pobre Morito, alma de calcomanía! En 1919 publiqué yo mi primer manifiesto contra el arte y contra la belleza. Siempre llegando tarde; es para morirse de risa. ¿Oh, rey del plagio, no podrías inventar otra cosa? Ni en una línea eres capaz de salirte de tus patrones. Quieres robar el tono general y frases particularmente de otros y violencias que otros han empleado por necesidad que en ti suenan a hueco, a cosa aprendida… adquieren una aire de comicidad pobre que da lástima. Te aseguro que no asustarían ni a un niño.

Rompe tu poema en que hablas de “obispos triturados”, lo que es un plagio de mi “Obispo embotellado” en mi poema Temblor de cielo y esa “estratificación de los pájaros” robada a mi verso “des couches d’oiseaux dans le ciel ciré.

Estoy casi seguro que una vez en París, uno de tus amos, es decir, uno de los surrealistas de categoría, me habló de ti como un criollito de buena voluntad, pero muy de quinto plano.

Por otra parte, te diré que a mí no me importa nada lo que me digan los otros de ti, me basta saber tus cosas y leer tus plagios para saber lo que eres. Y te voy a decir en secretito lo que eres: eres el sirviente, el lacayo, el esclavo del surrealismo a donde has llegado demasiado tarde. Esa es tu rabia.

A los surrealistas siempre les ha gustado tener un sirviente de turno. Ello es histórico y en el caso que nos ocupa demasiado palpable. Puedes patalear, piojillo coquetón. Te metiste en camisa de once varas y no sabías lo que te iba a pasar. Pero tranquilízate, no me ocuparé más de ti, Morito querido, porque no vales una hora perdida, a menos que esté con humor y con ganas de reír. Y no olvides nunca que el ladrón cree a todos de su condición.

Y aquí murió un piojo coquetón. Despedían el duelo la pioja y los piojitos.

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