Miguel de Unamuno le escribe a El Amauta

El célebre letrado español le envía una carta a José Carlos Mariátegui por su revista Amauta. Hendaya, 28 XI 1926.

Unamuno

Sr. José Carlos Mariátegui.- Lima

He recibido y leído, mi buen amigo – creo poder luego llamarle así, y es un consuelo- los dos primeros números de “Amauta”. Ante todo, y para despacharlo pronto, lo que individual y también personalmente a mí se refiere. A Juan Parra del Riego las gracias por la Marcha que me dedica. Y en nombre de mi España que es -lo sé- la de Uds. Y cuando él me viene gritando “!alegría!”,- no la hay más honda que la nacida de las entrañas de la desesperación honrada- y recordando a D. Quijote, y al padre -padre sí, y no sólo al hijo- Jesús, preparó una nueva acción escrita -no quiero llamarla libro- sobre el misterio cristiano de D. Quijote. A Ud. por lo que dice de mi “L’agonie du Christianisme”, ¿qué le he de decir? No es cosa de que nos pongamos a discutir. Acabaríamos en que ambos tenemos verdad que es mucho mejor que tener razón.

Sí, en Marx había un profeta; no era un profesor. (Y vea Ud. como estos dos términos, profesor y profeta , latino el uno y el otro griego, que etimológicamente son parientes, han venido a significar cosas tan distintas y hasta opuestas. Mucho de mi vida íntima ha sido un oficio contra el oficio oficial, contra la profesoría académica!). ¡Qué bien está lo de César Falcón sobre la dictadura española! ¡Qué justo, qué preciso, qué claro, qué concreto! Esa es la verdad. Pero más que dictadura, tiranía y tiranía pretoriana que es la peor. Mas aún así y todo, con tiranía, no ya dictadura, volvería yo a mi patria si los tiranuelos fueran personas honradas, que no lo son. El primero de ellos, el M. Anido, pues el trío es M. Anido =Borbón Habsburgo= Primo de Riveray en este orden; Primo el pelele que tapa a otros que le tiran de los hilos, es un loco pero con locura moral,-o inmoral si se quiere.

Y lo que quiero hacer constar es que en mi caso -porque constituyo un caso- no se trata de pleito individual que como a individuo aislado me toque, sino de algo personal, y la persona es lo representativo y social, lo humano común. Al defenderme atacando, defiendo el alma eterna y universal de mi pueblo. A toda una iglesia civil libre. Ni me importa que alguien encuentre ridícula mi posición. Aprendí en mi Señor D. Quijote lo que vale la pasión de la risa y que no se pierde ni si al dar el aire zapatetas en camisa o medio desnudo. Lo que está agonizando en España  viene de lejos. Con la muerte del príncipe D. Juan -en Salamanca!- único hijo varón de los Reyes Católicos a fines del siglo XV, cuando se descubrió América, desapareció la posibilidad de una dinastía española, indígena, castellano- aragonesa. Carlos I -V de Alemania- hijo del Hermoso de Borgoña, un Habsburgo y de la Loca de Castilla, llegó a ésta, sin saber apenas castellano rodeado de flamencos y trayendo la política habsburgiana, la hegemonía de la casa de Austria en Europa y la Contra Reforma. La América que se acaba de descubrir no era sino una mina de donde sacar recursos, oro, ya que no hombres para esa fatídica política. Y así de espaldas a América -y a África- vertióse la sangre española en Italia, Francia, Países Bajos, por asegurar la hegemonía Habsburgiana y contra los reformados.

Y así siguieron Felipe II, III y IV y Carlos II que nunca españolizaron. Y les siguieron los Borbones, tan extranjero en España como los Austrias. Y hoy sufrimos a un Borbón Habsburgo, mas Habsburgo que Borbón y tan Carlos II como Fernando VII. ¿Y el pueblo? – se dirá. Mi amor a la verdad es la justicia, y en mi amor a la verdad, mi amor casi desesperado a mi pueblo me obliga a confesar, a profesar, -pero como profeta y no como profesor- que el pueblo fue seducido y arrastrado por Habsburgos y Borbones y que se le hizo creer que continuaba la cruzada de la reconquista. Y lo digo por patriotismo, por aquel ardiente y desesperado patriotismo que a mi inolvidable Guerra Junqueiro, le hizo al final de su magnífico evangelio PATRIA, crucificar al pueblo portugués con este inri: “Portugal, rey de Oriente”. Sí, la terrible envidia frailuna y castrense -conventos y cuarteles son ciénagas de envidia misológica – la que creó la Inquisición es la que alentaba en no pocos conquistadores, el pueblo de mis entrañas tiene que expiar sus pecados.

Pero basta que el seguir sería el cuento de nunca acabar.

Gracias, amigo mío, y adentro con “Amauta”. Le deseo a ésta vida fecunda aunque sea corta -revista que envejece, degenera- y a su Perú justicia en su libertad.

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