Martín Adán en el recuerdo de dos discípulos

Marco Martos entrevista a Emilio Adolfo Westphalen y Estuardo Nuñez, condiscípulos de Martín Adán. Revista Ágora. Año 1, número 1.

Fragmento de “Memoria de Martín Adán”

Marco Martos: ¿Y cuándo volvió a ver a Martín Adán?

Estuardo Nuñez: Lo perdí de vista. Cuando se fue a Arequipa comenzó su bohemia y su afición al alcoholismo.

MM. En Arequipa era amigo de Alberto Guillén y de César Atahualpa Rodríguez.

Emilio Adolfo Westphalen: Guillén era muy cordial con los jóvenes, pero por lo general yo no lo frecuenté, en cambio a César Atahualpa sí; él me invitaba a su casa en Arequipa. Creo que en esa época leí La torre de paradojas.

EN. Toda la bohemia arequipeña captó a Martín Adán porque él tenía una conversación extraordinaria y una manera de pensar original y distinta y en la forma de hacer chistes y de llevar la conversación de un tema a otro, era verdaderamente genial. Yo nunca he tenido la sensación de un genio tan claramente expresado como en Martín Adán.

(…)

MM. Y en los años 50 y 60, ¿cómo fue su relación con Martín Adán?

EN. Siempre muy cordial, muy amistosa. Alguna vez me encontraba en la calle y me quería llevar a una pequeña taberna para beber, ¡pero a las diez de la mañana, doce del día!, cuando yo tenía que hacer muchas cosas, ya me había casado, tenido hijos, de manera que no podía compartir con él esa vida bohemia que llevaba. Le contaré a usted que fue muy amigo de mi esposa Cota, y ella precisamente lo invitó a la casa, ya casados nosotros, para hacerle un retrato de óleo. También hizo otros retratos de Emilio Adolfo, Enrique Peña Barrenechea y Xavier Abril. Conservo los retratos de Martín Adán y de Emilio.

MM. Don Emilio, ¿Martín Adán conoció a César Moro?

EAW. Sí se conocieron, era imposible no conocerse viviendo en la misma calle, pero no intimaron mucho.

MM. ¿Y usted cómo recuerda a Moro?

EAW. El interés de ambos en el surrealismo fue lo que afirmó la amistad. Lo conocí en Lima, a su regreso de París, el año 33.

MM. Ustedes hicieron juntos El uso de la palabra.

EAW. Esa revista estuvo programada muchísimo tiempo y solamente cuando Moro viajó a México pudo reunir el dinero para editarla.

MM. En un momento ustedes tuvieron una querella literaria con Vicente Huidobro ¿por qué ocurrió eso?

EAW. Bueno, era una cuestión exclusiva de Moro, quien no soportaba a Huidobro desde París.

MM. ¿Quién escribió el texto donde se le dice a Huidobro “obispo embotellado”?

EAW. Lo escribimos entre los dos. Colaboraron también otras personas que en este momento no recuerdo.

MM. Entonces usted atribuye el conflicto más a un problema de personalidades diferentes que a un enfrentamiento de creacionismo y surrealismo. Un problema de no soportarse.

EAW. Sí, podría explicarse así.

MM. ¿Y Martín Adán que actitud tenía ante el surrealismo?

EAW. No era una veta que le entusiasmara. Siempre le gustaba medir los versos.

MM. Don Estuardo ¿cuál es la imagen que conserva del Martín Adán de los años posteriores más cercanos al momento actual?

EN. Hubo una separación por su hospitalización. Primero estuvo en el Asilo-Colonia Víctor Larco Herrera como invitado muy especial en la casa del director que era Honorio Delgado, para tratar su problema de alcoholismo, alejado de otros pacientes. Después se buscó una clínica más modesta en la Magdalena donde vivió varios años de su vida. Entonces no hablaba con nadie salvo con Mejía Baca, quien lo visitaba los domingos. Mejía Baca se había convertido en administrador de los pocos bienes que tenía Martín Adán. A veces, a través de Mejía Baca, Martín me mandaba recados, pero nunca fui invitado a visitarlo, a tener contacto personal. Sólo cuando salió de esa clínica y lo llevaron al hospital Arzobispo Loayza para hacerle una operación a la vista, recibí una invitación para verlo. Conversé allí y después en el Asilo Canevaro, Abajo el Puente. Estaba recuperado, pero casi ciego.

MM. ¿Todavía escribía o dictaba en esa época?

EN. No, ya no escribía. Tenía mucha dificultad. Quería leer, pero no podía, la vista no le daba. Hablaba, sí, recordaba muchas cosas y estaba perfectamente lúcido. Esa fue la última impresión que he tenido hasta poco tiempo antes de su muerte.

MM. Don Emilio, ¿dónde vio la última vez a Martín Adán?

EAW. En el Asilo de Ancianos, en el Rímac. Leía con una lupa y me llamó la atención que fuera muy crítico con Eguren, consideraba que no había escrito un solo verso que valiera la pena, tal vez la explicación esté en que Eguren nunca escribió lo que se consideraba un verso “clásico”. Creo que es el único poeta en la lengua española que no ha escrito un soneto.

MM. Desconcertante, ¿no? viniendo de alguien que conocía bien a Eguren. Y usted don Emilio ¿qué piensa de Eguren y de Martín Adán?

EAW. El gran poeta siempre fue Eguren. Martín Adán es algo muy especial (y muy original también), siempre hice elogios de su estilo único e impresionante.

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