Eielson describe la fuente de su poesía

Fragmento de la entrevista de Rolando Forgues a Jorge Eduardo Eielson. Publicada en Lima, 1988.

Ilustración: Poetic-project

¿Cuándo y por qué empezaste a escribir poesía? ¿Qué rol ha jugado tu infancia y adolescencia en el acto de escribir?

Empecé a escribir poesía a los quince años, a hurtadillas, como todo el mundo. Se trataba más bien de una manifestación de mi propia libido, pues de la misma manera dibujaba, fumaba mis primeros cigarrillos, me enamoraba de alguna muchacha o de un coetáneo, y me masturbaba. Siempre a escondidas. Se podría decir que desde hace treinta y cinco años vivo escondido en Europa, realizando un trabajo que casi nadie conoce, enamorándome y gozando, siempre a hurtadillas, y padeciendo también en un universo que, para mí, carece de fronteras. Esta última es quizás la razón principal de mis continuos viajes por el mundo. Siempre me he considerado una especie de pasajero clandestino en este planeta.

¿Te reconoces algunas filiación poética?

No pretendo negar la luminosa paternidad de Rilke, Rimbaud, Mallarmé, San Juan, pero me siento muy diferente, y muy poca, pero muy poca cosa al lado de ellos.

Varios poemas tuyos, en especial Primera muerte de María, tienen un innegable trasfondo religioso. ¿Cuál ha sido la importancia de la religión en tu educación?

La religión es un argumento que siempre trato de evitar. Quizás porque mis relaciones con ella han sido siempre intensas y conflictivas. Precisamente a los quince años rompí con la religión caótica impuesta por la familia y por la sociedad en que vivía y pretendí dedicarme, completamente solo y siempre en secreto, a la búsqueda de un Dios personal. Naturalmente, encontré a Rilke.

¿En qué medida ha determinado esa relación privilegiada, casi mística, que se da en tu poesía, entre el hombre y el cosmos?

Fue dicha ruptura la que me procuró una visión de lo sagrado que antes no poesía y la que me llevó a escribir -a tantear a través de la escritura- una experiencia de la totalidad, una vivencia mística largamente añorada. En algunos versos de esa época hay quizá una huella patente de esa tentativa.

Si bien en tus versos hay algunas notaciones sobre la primavera, el verano y el invierno, lo que predomina es la presencia del otoño. ¿A qué se debe esa predilección por una estación que anuncia la muerte simbolizada por el invierno? ¿Traduce un estado de ánimo angustiado, o es un simple tópico literario?

El tópico puramente literario -y mucho menos el metereológico-, no ha despertado jamás mi interés. Es cierto, sin embargo, que en mi juventud -a la cual pertenecen esos versos- yo identificaba mi estado de ánimo con el otoño y el invierno, estaciones míticas para mí, puesto que desconocidas en Lima (aludo al invierno europeo, con nieve, frío y árboles deshojados, y al dorado otoño de esas latitudes).

Con El cuerpo de Giulia-no has incursionado en la narrativa. ¿Qué te llevó a escribir novela? ¿Cuáles son para ti los alcances de tu libro?

No creo que El cuerpo de Giulia-no pertenezca realmente a la narrativa. Se trata más bien de un largo poema en prosa, un poco a la manera de Ájax en el infierno, aunque con una temática mucho más evidente. Repito: no hago mayores distinciones entre los llamados géneros literarios e incluso, más de una vez, mis temas básicos pasan de la literatura o la poesía a las artes visuales y viceversa. Por ejemplo, el tema de Giulia-no -que es de 1957- fue transformado diez años más tarde en una “performance” (palabra inglesa cuya traducción española es muy imprecisa y que se usa en el lenguaje artístico contemporáneo para definir ciertos tipos de trabajos efímeros, como antes se usó el término “happening” para otro tipos de obras). Y lo mismo puedo decir de otro texto, sensiblemente narrativo, de tema marino, que fue interrumpido en 1960 y puesto al día, digamos así, en 1980. Este texto -cuya traducción al francés está realizando Claude Coffon- ha dado origen igualmente a un trabajo sonoro y visual que espero realizar muy pronto.

Si tuvieras que hacer el balance de tu vida de creador y de artista, ¿cuáles serían los grandes momentos que destacarías?

Para quien escribe no hay momento más alto que el de la creación poética, no hay exaltación semejante a ese instante absoluto, cuando un mundo de imágenes, ritmos y pensamientos intactos parecen literalmente brotar del propio ser transformado en palabras. En la vida hay un solo momento semejante: el éxtasis amoroso.

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