Valdelomar, un requisito para ver a Neruda

Pequeña biografía de Abraham Vadelomar por Oswaldo Reynoso (Lima, 2008)

Es un escritor iqueño que vivió muchos años en Pisco. Era una persona que, según las referencias que tenemos de él, no era de una gran estatura y era moreno. Llega a Lima en una época en que Lima es una ciudad aristocrática, donde los grandes escritores tienen grandes apellidos: los García Calderón, los Porras, los Riva Agüero. Todos son escritores que vienen de las grandes familias de la colonia. Entonces hay una invasión a Lima de escritores de provincias, entre ellos destacan Vallejo, Valdelolmar y Mariátegui. Vallejo que vienen de un pueblito de la sierra y Mariátegui de Huacho. Estos escritores no eran millonarios, eran de la clase media y de tipo mestizo, casi indio o negro. Y por su talento se imponen en este mundo cultural de Lima que era un mundo totalmente aristocrático y casi racista. Valdelomar se ríe y se pone el nombre de El Conde de Lemos. Él a sus amigos les decía “yo soy un conde plebeyo”. Precisamente, en Ica hay un grupo de jóvenes que se dedican a la literatura y que su grupo se llama El Conde Plebeyo.

Él se ponía polvos en la cara, era muy excéntrico y era homosexual, la biografía de Luis Alberto Sánchez no habla de esto, pero hay otras biografías que sí hablan del tema. Valdelomar se impone en Lima, dibuja muy bien, gana premios con sus cuentos y es el mejor cronista que hay. Escandaliza Lima. Él es el que dice: “el Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es El Palais Concert, El Palais Concert soy yo”. Por lo tanto, él era el Perú. Este Valdelomar es el que inicia el cuento de la provincia y tiene una prosa magnífica, él llega a la exquisitez en el empleo del lenguaje al usar cuatro adjetivos. Tiene un poema llamado Tristitia con cuatro adjetivos. Se cuenta que cuando un poeta peruano iba a visitar a Neruda en su casa de la isla negra, él preguntaba:

-¿Usted de dónde es?

– Del Perú.

– Recíteme el poema de Valdelomar, Tristitia.

– No lo sé.

– Entonces, no entra usted a mi casa.

Así, la gente que quería ver a Neruda se aprendía de memoria este poema.

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