Cuando Víctor Hugo le escribió al Congreso peruano

Della Rocca de Vergalo y los inmortales. Texto de Alberto Ulloa para el número uno de la revista Colónida (15 de enero de 1916)

Hace algún tiempo -dos o tres años si no yerro- la revista “Variedades”, única que hasta este día de la aparición de “Colónida” ha mantenido un discreto culto por la tradición literaria, ya que muy fugaz fue la vida de otras, publicó un artículo o información referente a la personalidad de un peruano cuyo nombre y cuyo genio parecían definitivamente esfumados en el misterio: Della Rocca de Vergalo, extraño y convencido profeta de muchas innovaciones y aspectos de la poesía modernista.

En aquella información se hacía referencia, aunque breve, a un documento glorioso, la carta en que los más grandes hombres del pensamiento francés en el siglo pasado, dirigieron al Congreso del Perú, en Abril 1879, pidiéndole amparo para aquel compatriota nuestro a quien azares de la vida política convulsa de la República, expatriaron y que sufría en Europa las miserias consiguientes a su difícil situación económica. Yo he creído que no podía cumplir mejor con Abraham Valdelomar el grato compromiso de colaborar en el primer número de esta revista, que obsequiando a los altos y a los bajos espíritus de la patria de Rocca de Vergalo, con la traducción íntegra de aquel documento, no publicado íntegramente hasta hoy, al menos en los últimos tiempos.

Dice así:

Señores Senadores,

Señores Diputados:

Los signatarios apelan con confianza a vuestra alta benevolencia y a vuestra justicia, en favor de uno de vuestros compatriotas, doblemente estimado entre nosotros por su carácter y por su talento.

Della Rocca de Vergalo, nacido en Lima, teniente de artillería del ejército peruano, que ha tenido el honor de combatir por la independencia de su país, bajo las órdenes del general Prado se ha visto obligado a cortar bruscamente su carrera y asilarse.

El pan del destierro es siempre amargo, ¡por desgracia! Y es a veces terriblemente difícil ganarlo. Della Rocca de Vergalo, con una salud que se ha vuelto bamboleante, sin familia, sin apoyo, padre de un niño de veinte y seis meses, al que no quiso abandonar cuando partió de Lima y del que cuida con ternura maternal, no podía encontrar recursos sino en las facultades de su espíritu.

Se perfeccionó en el francés y sus primeros ensayos como poeta, atrajeron sobre él la atención de la prensa y le captaron simpatías de los escritores que le dieron el título de camarada.

Hoy Rocca de Vergalo publica un segundo volumen de poesías que ha tenido la inspiración patriótica de dedicar a los representantes de su país y cuyos gastos de impresión son cubiertos por una erogación a la cual los signatarios han querido contribuir. Pero los trabajos del espíritu no son siempre trabajos remunerados y la situación en que se encuentra Della Rocca de Vergalo es precaria y digna de interés.

Movidos por un sentimiento del que apreciaréis el sentido y no considerando en Della Rocca de Vergalo sino al poeta desgraciado y digno de aliento, al padre de un niño que hoy tiene nueve años y del que solo él sufre la carga, venimos, señores Senadores, señores Diputados, a rogaros extender sobre vuestro compatriota exiliado, una mano protectora. Que reciba si es posible, como renta viajera,el monto de sus remuneraciones como teniente de artillería o que se beneficie con cualquier otro subsidio; pero que el Perú, nación generosa y caballeresca, no deje más tiempo sin recursos en país extranjero, a uno de sus hijos abnegados, a un soldado, a un poeta.

Permitidnos esperar, señores Senadores y señores Diputados, que querréis escuchar las voces lejanas que os saludan a través del océano y que interrumpen un instante vuestras nobles labores para implorar, dirigiéndose a vuestros corazones, por la causa de la desgracia y del talento.

París, 30 abril de 1879.

Stephane Mallarme, Armand Silvestre, Paul Fougher, Theodore de Banville, Jules Claretie, Charles Grandmougin, Edmond About, J. M. de Heredia, Henri Crisafulli, Catulle Mendes, Louis Verbrugghe, Alphonse Daudet, Camille Doucet, Henri de Bornier, J. M. Torres Caicedo, Maurice Bouchoir, Josephin Soulari, León Dierx, Francois Coppee, Albert Delpit.

Y como si no fuera bastante, el enorme Víctor Hugo, agregaba:

Señores Senadores,

Señores Diputados:

Permitidme llamar vuestra atención sobre la demanda adjunta.

Está firmada por los nombres más honrosos de vuestra literatura , y ellos excitan vuestra interés y vuestro patriotismo en favor de un proscrito peruano, que consideramos hoy como un poeta francés N. Della Roca de Vergalo.

Lo que hagáis por él será visto por nosotros, como hecho por toda la literatura, tanto de nuestro país como del vuestro.

Vuestro, amigo.

Víctor Hugo.

Yo no sé de ninguna página más honrosa para la historia literaria del Perú. Son los consagrados, los definitivos, los inmortales, que se inclinan ante un hombre peruano, originariamente y lógicamente extraño para ellos.

**

Del poeta Della Rocca Vergalo se sabe que nació en Lima en 1874 y que publicó el poemario “Livre des Incas”. Sin embargo, no se sabe cómo ni cuándo murió, solo se sabe que fue en París. La ayuda nunca llegó.

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